Por: Fabrizio Casari /. Mientras gran parte de América Latina sigue enfrentándose a una elevada inflación, inestabilidad financiera y un crecimiento débil, Nicaragua emerge como uno de los casos económicos más sorprendentes de la región. En el informe presentado por el presidente del Banco Central, Ovidio Reyes, se describe el recorrido del país como un ejemplo de estabilidad macroeconómica, disciplina fiscal y desarrollo sostenido.
Las cifras expuestas por el gobernador del Banco Central muestran una economía que continúa avanzando a pesar de las turbulencias globales. Después de años marcados por la pandemia, la inflación mundial y las tensiones geopolíticas, Nicaragua ha mantenido un crecimiento del PIB superior a las expectativas iniciales, situándose en torno al 4-5% anual.
Este resultado no es casualidad, sino el fruto directo de las políticas económicas adoptadas por el gobierno sandinista: inversiones públicas, apoyo a la producción nacional, fortalecimiento de las infraestructuras y promoción de la estabilidad financiera.
Sectores como la construcción, el comercio, el turismo, la energía, la agroindustria y las exportaciones están registrando una dinámica positiva que, según el Banco Central, confirma la solidez del ciclo económico nicaragüense. Nicaragua no está simplemente creciendo: está consolidando un modelo económico resiliente, capaz de resistir los shocks internacionales y de generar confianza tanto en los mercados como en la población.
Uno de los aspectos más destacados por Reyes es la estabilidad monetaria alcanzada por el país. En un contexto internacional en el que muchas economías han sufrido un fuerte aumento de los precios, Nicaragua ha logrado contener la inflación y preservar el poder adquisitivo de la población. Paralelamente, el sistema bancario aparece como uno de los más sólidos del área centroamericana: el aumento de los depósitos, el crecimiento del crédito productivo y las reservas internacionales récord representan, según el Banco Central, señales inequívocas de confianza en la economía nacional. Las reservas monetarias superiores a los 6 mil millones de dólares constituyen además una garantía de estabilidad para el córdoba y para todo el sistema económico.
Estos datos, considerados en conjunto, muestran una solidez sistémica de notable proyección y ofrecen un panorama de estabilidad social y económica que constituye una parte fundamental del éxito del modelo sandinista. Un modelo que nace de una identidad política precisa y que se basa en soberanía y pragmatismo. En el discurso económico del gobierno nicaragüense emerge con fuerza el tema de la soberanía y Reyes sostiene precisamente que, gracias a esta orientación, Nicaragua ha construido una política económica independiente, menos vulnerable a las presiones externas y más orientada a los intereses nacionales.
Precisamente en defensa de estos, una parte decisiva en la afirmación del modelo económico y social sandinista es sin duda su modelo de relaciones internacionales, que ofrece una importante proyección en la escena global, que se refleja positivamente tanto en la percepción de los mercados como en la consideración de los organismos financieros hacia el sistema-país.
Tiene especial importancia el fortalecimiento de las relaciones con China. El acuerdo comercial entre Managua y Pekín es estratégico para ampliar los mercados de exportación, atraer inversiones y acelerar la modernización productiva del país. El gobierno considera esta alianza un paso clave para construir una economía más multipolar y autónoma.
Como subrayó Reyes, la cooperación con China abre a Nicaragua un mayor acceso a los mercados asiáticos, nuevas infraestructuras, incremento de la producción industrial, diversificación comercial y crecimiento del empleo. Una decisión indispensable para ampliar el portafolio internacional de inversiones. Al mismo tiempo, es útil para neutralizar posibles amenazas de hostilidad comercial en forma de sanciones o aranceles de naturaleza estrictamente política.
Tanto las cifras como el modelo hacen que Nicaragua represente hoy una rara excepción en el panorama latinoamericano. El subcontinente vive una fase de perturbaciones continuas en el frente económico y social, sobre todo debido a políticas ultraliberales que eliminan las posibilidades de crecimiento, sacrificadas en el altar ideológico de un turbo-monetarismo ya sin justificación alguna, visto su fracaso sistémico generalizado. Mientras muchas economías enfrentan un endeudamiento creciente, devaluaciones y tensiones sociales, Managua reivindica estabilidad, crecimiento y orden macroeconómico.
El mensaje del Banco Central es claro: Nicaragua es un país en transformación, que está fortaleciendo sus bases productivas y financieras. La continuidad política y la planificación económica han permitido al país evitar las oscilaciones que golpean frecuentemente a otras naciones de la región. En Nicaragua existe un crecimiento constante y estable en un contexto continental inestable y la estabilidad política es una de las patas de la mesa sobre la cual se sostiene el desafío exitoso del sandinismo para el desarrollo del país.
Una perspectiva de largo plazo
Para Reyes, el futuro económico del país dependerá de la capacidad de mantener la estabilidad, la disciplina fiscal y la apertura hacia nuevos socios estratégicos. Nicaragua apuesta por consolidar en los próximos años un crecimiento sostenido, acompañado de inversiones en infraestructura, expansión energética e incremento de las exportaciones. El mensaje político y económico que emerge de sus declaraciones es claro: Nicaragua pretende presentarse como un modelo alternativo de desarrollo en América Latina, basado en continuidad política, soberanía económica y crecimiento productivo.
Quienes no logran aceptar que el modelo político independentista de carácter socialista, socialmente inclusivo e igualitario aplicado en la Nicaragua Sandinista, represente un desafío ganado, sostienen – aunque ya sin demasiada convicción – que el éxito del GRUN se beneficia de las dimensiones relativamente reducidas del país en términos territoriales y demográficos. Pero si fuera así, habría que preguntarse por qué incluso en el ámbito centro-americano – comparable en términos demográficos y territoriales – la crisis económica golpea duramente. Resulta evidente, por tanto, que restar importancia a los volúmenes, son las recetas opuestas y sus objetivos los que determinan las condiciones generales de los respectivos sistemas, su éxito o su fracaso.
Apostar por la reducción de la pobreza como vehículo para la reconstrucción de la demanda interna y como factor de estabilidad y precondición de las políticas de seguridad, forma parte importante de un sistema de valores como el Sandinista. Del mismo modo lo son la atención extrema a la mejora de los estándares educativos y sociosanitarios, financiados mediante el gasto público. Valores que, en cambio, no son considerados por las doctrinas económicas de tipo liberal, que apostan por la baja inflación y la ausencia de reglas en los mercados, por el fin del gasto público, única garantía de los derechos sociales y mecanismo de compensación de los desequilibrios generados por el mercado. Proponen la desaparición del interés público en favor de las ganancias privadas, la transferencia neta de recursos públicos a manos privadas y la concentración de la riqueza como motor productivo, método que – según ellos – garantizaría el crecimiento del PIB y certificaría el estado de salud de la economía.
Las cifras expuestas por Reyes son, considerando todo, las pruebas matemáticas de un diseño político que no es casual ni fruto de la improvisación. Ni de una coyuntura internacional que, desde la crisis financiera global de 2008 y posteriormente desde la pandemia de 2020, ha acompañado el declive de un modelo económico internacionalmente dominante. No hay milagros ni destinos favorables: hay ideas y rigor en su aplicación que producen resultados. Nicaragua indica un camino diferente porque diferentes son los principios ideológicos y los objetivos de su proyecto de modernización y desarrollo. Las crisis de quienes lo critican son la mejor confirmación de la bondad de ello.