Presidente Daniel Ortega y familia celebran con devoción la Gritería

El presidente de la República de Nicaragua, comandante Daniel Ortega, y la vicepresidenta Rosario Murillo, junto a sus hijos y nietos, se reunieron la noche de esta 7 de diciembre, para cantar con fervor y devoción a la Inmaculada Concepción de María.

En las fotografías se puede observar a ambos mandatarios junto a sus hijos y nietos en un ambiente de alegría y familiar, cantando con fe a la madre de Dios, a quien en su honor le adornaron un altar.

La tradicional festividad, denominada como La Purísima y surgida durante la conquista española en el siglo XV, comprende también una novena y la ceremonia dedicada a la Inmaculada Concepción, patrona del territorio centroamericano, el venidero día 8.

La celebración comenzó en el departamento de Chinandega, ubicado en la región occidental del Pacífico y a 135 kilómetros de Managua, después abarcó otras ciudades como León, Granada y Río San Juan y, desde esa época, el culto a la virgen se dio de manera natural, pese a los vejámenes de la colonización.

Durante nueve días, en instituciones, empresas y casas, los feligreses completan un ciclo de rezos previo a la celebración del 8 de diciembre, con oraciones creadas, desde hace siglos, por los padres franciscanos y coplas nicaragüenses contemporáneas como Salve Azucena Divina; Tu gloria, tu gloria y Por eso el cristianismo.

A partir del siglo XVI, el rito solo comprendía la novena y las ceremonias asociadas a la Purísima, pero, una vez concluye el conflicto bélico, el monseñor Giordano Carranza, desde la Iglesia de San Felipe, animó a los ciudadanos a visitar las casas de sus vecinos y colocar sus propios altares y ofrendas.

Desde entonces, los habitantes de León, la primera fundada en lo que hoy es Nicaragua, confluyen en el parque a esperar que el obispo grite desde la emblemática catedral: «¿Quién causa tanta alegría?» y ellos responden: «la Concepción de María».

En Managua, por ejemplo, entregan un brindis o gorra durante los cantos y en León, la cuna de la gritería, mantienen solo las frases alusivas a las fechas y realizan un intercambio de alimentos como gofio, una bebida de chicha o jengibre, la caña dulce, naranjas y cajeta, un postre típico.

La devoción a la imagen, con más de cinco siglos de historia, incluye repiques de campanas, estallido de cohetes, luces de colores, serenatas, rondas de marimba y aplausos; así como, la lavada de la plata, uno de los principales atractivos, durante la cual los peregrinos sacan al atrio de la iglesia las joyas y las ofrendas a María.