Durante décadas, cuando llegar hasta un hospital o centro de salud representaba un desafío para muchas familias, hubo mujeres que recorrían caminos de día y de noche para asistir a las embarazadas y ayudar a traer niños al mundo.

Este miércoles, las alcaldías del departamento de Managua reconocieron a 27 parteras, algunas de ellas con edades de 91 y hasta 98 años; muchas ya no ejercen, pero conservan los conocimientos y la memoria de una labor que marcó a generaciones de familias.

La alcaldesa de Managua, Reyna Rueda, resumió el significado de este oficio con una frase: “Definir a una hermana partera es hablar de esperanza de vida, hablar de protección a la vida y milagro de amor”.

Entre las homenajeadas en la Casa de Cultura Bayardo Ortiz de esta capital, estaba Catalina Obando, nacida en Granada y habitante de la comarca Nejapa. Cuenta que comenzó a atender partos después de los años sesenta y calcula que asistió alrededor de 80 nacimientos.

La buscaban a cualquier hora. “Yo iba en el día, yo iba en la noche a partear, porque me conocían, me decían: ‘vayan donde la Nanda’”, recuerda Catalina, quien durante años también fue conocida como Catalina Bernarda.

Para ella, la mayor satisfacción está en saber que aquellos niños crecieron. “Yo me siento alegre porque en mis manos ni uno murió, ni uno murió, y ahí están vivos”, afirma con orgullo.

Entre esos recuerdos hay uno particularmente especial: atendió el parto de su propia hija y posteriormente ayudó a traer al mundo a sus dos nietos.

Su trabajo, explica, nunca estuvo motivado por el dinero. “Yo te parteo, pero si vos me querés dar, ese es problema tuyo, yo no te cobro. Lo importante es que tengás tu niño y que sigás adelante”, relata.

Más de dos mil historias

La historia de María del Socorro Villalobos lleva las cifras mucho más lejos. Ella asegura haber atendido más de 2 mil partos en diferentes comunidades y municipios.

Aprendió prácticamente sobre la marcha. Su madre había sido partera, pero murió antes de que María pudiera aprender directamente de ella. Un día llegaron a buscarla porque necesitaban su ayuda.

“La gente me hizo aprender. Nadie me enseñó; la gente me llevó porque mi mamá era partera”, cuenta entre risas esta sabia mujer.

Su primer parto fue especialmente complicado. La mujer estaba a punto de dar a luz y el bebé venía de nalgas. María describe aquella experiencia como su primera gran prueba.

A partir de entonces, las llamadas se multiplicaron. “Había veces que parteaba a dos juntas. En mi casa una en un cuarto y la otra en el otro cuarto”, recuerda.

Su memoria está llena de lugares donde ayudó a nacer a niños: Puente El Edén, Cristo Rey, Sabana Grande, Veracruz, Ticuantepe, Masaya, Santo Domingo y La Hoyada, entre otros.

Pero más allá de la cifra, María habla de una relación que permanece. “Donde quiera que voy, mis hijos que tengo por fuera, todos me quieren, todos me saludan”, dice.

Para ella, cada nacimiento tenía un significado especial. “Es una gran felicidad cuando ya el niño nace y ya uno lo asea, lo limpia, ya uno lo entrega. Es una felicidad para uno entregar un niño sano”, dijo María del Socorro.

Y define así la esencia de su oficio: “Ser partera es ser madre varias veces, no solo una vez”.

Una segunda madre en la comunidad

La alcaldesa de la capital, destacó precisamente ese vínculo que las parteras construyeron con las familias, especialmente en las zonas rurales.

“Ellas me contaban: ‘todavía tengo vecinos que yo los atendí y me dicen mamita’, porque así se les dice a las parteras en las comunidades. Son reconocidas como la segunda mamá de cada uno de estos niños que trajeron con mucho amor al mundo”, señaló.

Rueda agregó que las parteras nicaragüenses han recibido acompañamiento y capacitación del Ministerio de Salud y que muchas han sido certificadas.

Para Catalina, sin embargo, el conocimiento adquirido durante tantos años siempre estuvo acompañado por una convicción sencilla: ayudar.

“Hacer el bien y no reparar a quién”, expresa.

Y María del Socorro lo convierte en una definición de vida. En un poema que escribió sobre su oficio, dice que las parteras son madres toda la vida, porque durante el nacimiento deben acompañar, proteger y brindar amor tanto a la madre como al niño.

Este miércoles, los certificados entregados por las alcaldías del departamento de Managua fueron más que un reconocimiento. Representaron un homenaje a mujeres que durante décadas estuvieron al lado de las familias en uno de los momentos más trascendentales de sus vidas: el nacimiento de un hijo.