La fundación del FSLN: fieles a la causa de Sandino

El 23 de julio de 1961, hace 62 años, el Coronel Santos López, Carlos Fonseca Amador, Silvio Mayorga, Faustino Ruiz, Jorge Navarro, Francisco Buitrago, José Benito Escobar, Tomás Borge, Germán Pomares Ordóñez y Rigoberto Cruz “Pablo Úbeda” fundaron el Frente Sandinista de Liberación Nacional.

La fundación del FSLN marca un antes y un después en la historia de la lucha antisomocista, porque “significó la alternativa popular opuesta a la alternativa burguesa reformista en la lucha contra el somocismo” (Comandante Tomás Borge).

Este “puñado de hombres revolucionarios”, que fundaron el FSLN son considerados la vanguardia histórica de nuestra organización. “Al referirnos a la creación de la vanguardia debemos subrayar el rescate que Carlos Fonseca hizo de Sandino y de sus ideas revolucionarias. Carlos vio en Sandino y sus ideas no un símbolo etéreo, no un símbolo abstracto, sino la guía para la comprensión de la realidad nicaragüense y su transformación revolucionaria» (Comandante Tomás Borge).

Es importante recordar que el coronel Santos López fue el eslabón entre el General Sandino y Carlos Fonseca. Por su parte, el Comandante Carlos Fonseca se dio a la tarea de conocer a profundidad el pensamiento vivo del General Sandino.

En saludo al 62 aniversario de la fundación del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), Barricada/Historia, presentó una reseña escrita por el Comandante Tomás Borge Martínez, quien reconstruye los antecedentes históricos, que nos permiten comprender cómo surgió y se conformó el FSLN.

Sandino ayer, hoy y siempre
Quienes mataron a Sandino creyeron haber matado a la Revolución y creyeron haber matado hasta la posibilidad de la Revolución. Esta especie de superstición, parecida al fetichismo, de la cual todo mundo ha sido en alguna forma víctima, no es ajena a la dimensión con que se pretende situar a los individuos más allá de la historia o convertirlos en arquitectos exclusivos de la historia.

La otra cara de esta moneda grecorromana y un tanto escolástica es negar a ultranza el papel de los individuos en la historia. Sin embargo, la historia, –que no es un simple ruido, como afirmaba Montesquieu– se da bajo determinadas condiciones y está regida por leyes que actúan con independencia de la voluntad individual. 

Se equivocaron, por lo tanto, una vez más en este caso concreto, quienes pretendieron reducir al polvo de la amnesia a quien se convirtió en algo más que el arquetipo del pueblo nicaragüense. 

Las condiciones materiales que habían permitido a Sandino santificarse para señalar el camino de las luchas del pueblo siguieron vigentes después de su muerte con la dominación política y económica de los Estados Unidos; siguió vigente el egoísmo cotidiano de las clases explotadoras locales y desde luego la existencia de un instrumento de coerción: el ejército, que se puso el seudónimo de nacional.

Por eso los disparos que mataron a Sandino no fueron un final sino el prólogo de un nuevo principio, de un salto que arranca con vocación de persistencia, al fundarse el Frente Sandinista de Liberación Nacional.

La capacidad objetiva de la Guardia Nacional, instrumento de la dominación yanqui, fue el seguro de vida de la sobreexplotación contra el pueblo nicaragüense.

El dominio de este órgano brutal de represión y la muerte de Sandino convierten el período que va de 1934 a 1956 en un oscuro y triste paréntesis que se expresa en la práctica, como ya hemos dicho en otras oportunidades, aunque tal vez con otras palabras, en un descenso del movimiento revolucionario.

El pueblo siguió luchando con terquedad, débil, desnutrido en lo orgánico y en lo ideológico. ¿Qué hacía falta en aquel momento? Hacía falta, sin duda, una dirección revolucionaria. Fue en toda esa época, la oposición burguesa la que suscribió la lucha contra el somocismo en un largo período de compraventa de la que siempre salió beneficiado el astuto y cruel padrino de la dinastía Somoza.

 Las condiciones objetivas –y ya nosotros y ustedes, nos hemos familiarizado con este tipo de conceptos– eran visibles y dramáticas: hambre, miseria, desnutrición, analfabetismo, inseguridad social, una cultura ridícula, dulzona e importada como los chiclets Adams.

Las condiciones subjetivas, organización y conciencia eran invisibles por ser en aquel momento virtualmente inexistentes. Esta contradicción entre condiciones objetivas y subjetivas dio como resultado algo que marchó abriéndose paso como la luz en un túnel hasta que el pueblo descubrió que sin una vanguardia no era posible derrotar a la dictadura somocista.

El desarrollo capitalista del campo

Con el cultivo del algodón a partir de la década del 50 se inician las tolvaneras y el complemento de toxinas importadas a la pobre y criolla alimentación de nuestros trabajadores agrícolas y se concreta históricamente el desarrollo del capitalismo en Nicaragua bajo la estrecha vía de la agricultura mono–exportadora, cuya estructura productiva está ligada a la demanda del mercado mundial capitalista.

El algodón impuso el sello o le dio el carácter de agroexportadora a la economía nicaragüense y fue un síntoma importante en el proceso de desarrollo de las relaciones de producción capitalista en la agricultura.

 Se acumularon excedentes que se aplicaron a la ampliación del área algodonera; a la construcción de algunas viviendas de mal gusto como pueden ustedes observar en León y otras ciudades de Nicaragua, a las visitas periódicas de estos algodoneros al museo del Louvre y a la formación de una parte del sistema financiero privado.

Esto incidió en la consolidación del Estado y en el desarrollo de algunas actividades industriales y comerciales relacionadas especialmente con el deslumbrante e inestable mercado del algodón.

El resultado necesario, que no fue posible contabilizar igual que las pacas del algodón en el Banco de América, fue una mayor polarización dentro de una realidad histórica que por regla general se quiere negar en los púlpitos y en las tertulias de la burguesía. Una polarización entre las clases explotadas y los explotadores, situándose en nuestro país en un extremo a la burguesía agroexportadora y los grupos comerciantes industriales y en el otro a los trabajadores agrícolas.

Es así que se rotura el proceso de proletarización que se inició a fines del siglo XIX con el cultivo del café y que conllevó a una mayor concentración de las tierras y finalmente el desarrollo tecnológico de la producción algodonera, lo que a través del gobierno somocista y sus leyes trae como consecuencia la agudización de la lucha de clases entre explotadores y explotados.

La crisis económica 1956–63

 La crisis económica del 56, iniciada desde luego en los mercados capitalistas, somete a la economía nicaragüense a las fluctuaciones cíclicas de la demanda externa, (descenso en el precio del café y del algodón y disminución de los volúmenes de exportación). 

La crisis del modelo agroexpotador golpea las tasas de ganancias y acrecienta el malestar popular. Sin embargo, el proletariado agrícola y semi–proletariado, nacidos junto con las motas del algodón, así como el incipiente proletariado urbano, no son capaces todavía de responder colectivamente a la represión y a la miseria. Eso explica por qué no hay una organización política con lucidez estratégica para rebasar el estancamiento, el mutismo y la inanición.

Fundación del FSLN

En Julio del 61 surge el Frente Sandinista de Liberación Nacional. Este acontecimiento histórico significó la alternativa popular opuesta a la alternativa burguesa reformista en la lucha contra el somocismo. No podemos hablar de una vanguardia sin una teoría de vanguardia. Al referirnos a la creación de la vanguardia debemos subrayar el rescate que Carlos Fonseca hizo de Sandino y de sus ideas revolucionarias. Carlos vio en Sandino y sus ideas no un símbolo etéreo, no un símbolo abstracto, sino la guía para la comprensión de la realidad nicaragüense y su transformación revolucionaria.

Podríamos decir que el pensamiento de Sandino se resume en dos grandes ideas rescatadas por Carlos Fonseca:

• Sólo los obreros y campesinos son capaces de luchar hasta el fin contra el imperialismo y sus representantes políticos locales. Con esto la intuición de Sandino captó ante todo el carácter clasista del movimiento revolucionario, la lucha de clases como motor de la historia. Además de señalar a los obreros y a los campesinos como los sujetos fundamentales de esta lucha, captó la forma popular que necesariamente debía de adoptar el movimiento revolucionario en Nicaragua.

En las condiciones económicas, sociales y políticas de Nicaragua la lucha armada era la única vía que podía conducir hacia la transformación revolucionaria de la sociedad. Dicho desde ahora, esto parece una afirmación demasiado obvia, pero en aquel momento cuando las contradicciones conceptuales estaban jugando su papel, era muy importante rescatar esta idea esencial de Sandino: “La libertad no se conquista con flores sino a balazos”, dijo el General y esto se convirtió para nosotros en un hermoso lugar común, en un axioma para la formación de un ejército popular, inicialmente guerrillero, para la conquista de la liberación nacional y con la base de granito, suficiente desde el punto de vista de la conciencia, para la defensa de la soberanía nacional.

En estas dos grandes ideas se resume la estrategia que nos condujo a la victoria: la combinación de la lucha guerrillera con el movimiento de masas, a través de una dialéctica en la cual los guerrilleros se convirtieron en pueblo y el pueblo en ejército.

Estas ideas eran ineludibles, de raíces enterradas en Nicaragua, conjugadas con la teoría revolucionaria con que se sintetizan las experiencias de todas las revoluciones. Y fue la aplicación de esta concepción, sin dogmatismos y creadoramente la que condujo a que un puñado de hombres revolucionarios fundara el Frente Sandinista de Liberación Nacional en 1961.

El surgimiento del Frente Sandinista confirmó la veracidad de las palabras de Sandino cuando afirmó: “Nosotros iremos hacia el sol de la libertad o hacia la muerte, y si morimos no importa, nuestra causa seguirá viviendo, otros nos seguirán”.

La causa de Sandino efectivamente había seguido viviendo y el Frente Sandinista no hacía más que asumirla bajo condiciones materiales distintas y bajo la guía de una teoría revolucionaria. La causa de Sandino desafió peligros, traiciones, convirtió a los vacilantes en estatuas de sal. La causa de Sandino sigue y seguirá viviendo.

Escrito por el Comandante Tomás Borge Martínez