Por: Felipe Mairena Montiel /. Para comprender los actuales movimientos geopolíticos, es necesario recurrir a una mirada dialéctica de la historia. Uno de los pilares fundamentales de nuestra sociedad futura es la juventud, pero nos encontramos ante una generación formada en la inmediatez digital: expertos en TikTok, en batallas virtuales, en transmisiones en vivo y en la producción de contenido efímero. Una generación que, inmersa en el entretenimiento rápido, muchas veces pasa por alto la cruda realidad que vive hoy América Latina.
Esta reflexión inicial sirve para contextualizar la desconexión que experimentan muchos jóvenes frente a los desafíos de nuestra región.
En el plano internacional, observamos que un imperio en decadencia suele volverse más agresivo. Bajo la figura del filibustero Donald Trump, se ha revitalizado la combinación de una Doctrina Monroe 2.0 y la doctrina del “big stick” o gran garrote.
Este resurgimiento se da precisamente cuando Estados Unidos percibe que está perdiendo terreno ante el nuevo orden mundial, donde China emerge como potencia victoriosa en economía, tecnología, salud y educación.
No podemos ignorar, además, lo que ocurre en el interior del sistema norteamericano. La reciente desclasificación de millones de páginas del caso Jeffrey Epstein acerca cada vez más a la luz pública actos de pedofilia que involucrarían al presidente Trump, así como las audiencias sobre el asalto al Capitolio que duraron más de ocho horas, las cuales revelan acciones que incriminan directamente a figuras del poder.

Ante esto, una invasión a Venezuela y el secuestro del presidente Maduro parecerían una estrategia calculada para desviar la atención mediática durante al menos quince días, disolviendo así los informes que lo señalan en casos de abuso y desestabilización democrática interna.
Hoy, Estados Unidos enfrenta además una crisis petrolera a punto de estallar, lo que explica las declaraciones de Trump asegurando que el petróleo y todos los recursos de Venezuela le “pertenecen”. Esta escalada agrava aún más los problemas económicos y migratorios en toda América Latina.
Las acciones del gobierno norteamericano contra Venezuela junto con las sanciones y agresiones a otros pueblos hispanohablantes reflejan una política de terror que está haciendo reaccionar a la región. Cada vez es más claro que Estados Unidos ya no ejerce la misma autoridad moral ni goza del mismo respeto como potencia, lo que está impulsando a los pueblos latinoamericanos a pensar en su autodefensa y soberanía.
Queda en evidencia que Trump desconoce por completo el funcionamiento de la revolución bolivariana. Cree que secuestrando a su líder podría acabar con ella, pero se ha encontrado con una Venezuela intacta en su estructura revolucionaria.
El pueblo chavista, aunque dolido, mantiene su dignidad en alto. El ejército se mantiene firme y la ciudadanía exige el regreso del presidente Nicolás Maduro y rechaza las acusaciones infundadas incluso contra su esposa de liderar un cartel inexistente.
Resulta difícil, por no decir imposible, que Trump cumpla sus amenazas de gobernar Venezuela y apoderarse de sus recursos.
Tras este análisis, es crucial retomar lo planteado al inicio: la juventud actual, en su mayoría, está lejos de realizar este tipo de reflexiones. Muchos repiten acríticamente la narrativa de los grandes medios trasnacionales, alineados con los intereses estadounidenses, que atacan a los gobiernos progresistas de América Latina y justifican las políticas intervencionistas. Urge que nuestra juventud se quite el yugo de la desinformación y la venda de los ojos.
Lamentablemente, algunos jóvenes incluso apoyan las acciones de Estados Unidos y de Trump, llegando a sugerir que ser una colonia o protectorado sería preferible, mostrando así una profunda falta de identidad y amor patrio.
Hoy más que nunca, necesitamos que nuestros pueblos se unan y luchen contra las agresiones de un gobierno terrorista, colonialista e invasor. Solo mediante la unión, la libertad y la soberanía, defendidas con dignidad, haremos frente a estos lacayos sinvergüenzas y a sus patrones imperiales.
Frente a este escenario complejo, donde un imperio en declive recurre a la agresión para mantener su influencia y donde una gran parte de nuestra juventud navega distraída en un mar de contenidos efímeros, América Latina se encuentra en una encrucijada histórica. El análisis no apunta hacia el pesimismo, sino hacia la urgente necesidad de despertar y actuar.
Como latinoamericanos, y especialmente como jóvenes a quienes les corresponde forjar el futuro, tenemos la responsabilidad de: ir más allá del algoritmo. Es imperativo buscar información diversa, contrastar fuentes, estudiar nuestra historia desde perspectivas propias y desarrollar un pensamiento crítico que cuestione las narrativas hegemónicas. Dejemos de ser solo consumidores de contenido para convertirnos en analistas de nuestra realidad.
La defensa de la soberanía no es un discurso del pasado, es una acción concreta del presente. Esto se traduce en apoyar la integración regional, consumir lo local, valorar nuestra cultura y entender que la verdadera independencia se construye con unidad frente a las agresiones externas y con justicia social internamente.
El futuro de un mundo más justo no lo construirán TikTok, Facebook, Instagram ni los imperios en decadencia. Lo construiremos nosotros, una juventud que elige despertar, que estudia su pasado para entender su presente, que defiende con dignidad su tierra y que, desde la soberanía de su pensamiento, teje la solidaridad entre pueblos hermanos. La tarea es grande, pero la historia nos llama a ser la generación que transformó la resistencia en un nuevo amanecer para Nuestra América.
Felipe Mairena Montiel
D7.2 Managua.