El regreso de Armando Benedetti abre una fisura en la izquierda colombiana

El regreso del político colombiano Armando Benedetti al Gobierno de Gustavo Petro ha levantado la misma polvareda que generó su partida a Italia, en febrero pasado, donde se desempeñó como embajador de Colombia ante la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

En esta oportunidad, ha sido en el corazón del Gabinete y de la bancada del gobernante Pacto Histórico donde su vuelta ha generado un malestar que se ha hecho público.

Incluso las funciones que cumplirá dentro del Gobierno no han quedado del todo claras, pero sí se sabe que estará en el Palacio de Nariño, sede del Ejecutivo, muy cerca del presidente.

El político, tras su salida a regañadientes del cargo de embajador de Colombia en Caracas —en medio de un escándalo conocido como ‘niñeragate‘—, tuvo una seguidilla de declaraciones donde incluso puso en duda el origen de los fondos que recibió el mandatario para su campaña electoral.

Repulsa a Benedetti

En su cuenta de X, el senador Iván Cepeda, del Polo Democrático Alternativo, que pertenece al oficialismo, manifestó que hay una serie de hechos “que cuestionan severamente la compatibilidad” de incluir a Benedetti en el Gabinete con el proyecto político del Gobierno de Petro.

La víspera, la parlamentaria oficialista María José Pizarro, una fuerte aliada política de Petro en el Congreso, escribió que la “mayor responsabilidad es cuidar el proyecto político progresista” y agregó que se suma al llamado de los ministros que “plantearon una reflexión crítica sobre el fortalecimiento” de quienes con sus “posturas y acciones” son incompatibles con los principios del Pacto Histórico, que aglutina a partidos y movimientos de izquierda y progresistas.

“Como mujer no justificaré a quienes nos violentan”, añadió.

Y es que en julio de este año, los medios difundieron que la Policía de Madrid se presentó en el apartamento donde el entonces embajador residía ante un llamado por supuesta agresión verbal contra su esposa, Adelina Guerrero Covo. En esa oportunidad, la Cancillería colombiana dijo en un comunicado que “repudiaba cualquier intento de violencia y agresividad contra las mujeres”.

En ese entonces, el también exsenador catalogó de falsa la información y dijo que se encontraba en un proceso de divorcio. Sin embargo, en una entrevista este martes, a su salida de una reunión con Petro y con la directora del Departamento Administrativo de la Presidencia (Dapre), Laura Sarabia, sostuvo que “no hay elementos para que haya proceso disciplinario con la Cancillería”.