El enojo porque no le consintió que se fuera a vivir con su novio, fue lo que al parecer motivó a la adolescente de 15 años, matar a su propia madre, a quien sin ningún remordimiento, la acuchilló en seis ocasiones, según se confirmó este lunes.
El crimen ocurrió la noche del 22 de mayo en el barrio Loma Verde de Tipitapa, lugar donde la chavala asesinó a su mamá, la profesora Maricela del Carmen Mora Barbosa de 50 años.
Ese día, al llegar la policía, encontró a la docente tirada en el suelo en un charco de sangre, con varias puñaladas en su cuerpo, por lo que inicialmente se manejó la hipótesis de que pudo ser un robo, sin embargo, no había señales de que la entrada a la vivienda estuviera forzada.
Este lunes la adolescente fue acusada por el Ministerio Público, por el delito de parricidio ante el Juzgado de Distrito Especializado en Adolescentes, programándose la audiencia inicial el 28 de mayo.
Según confesó la quinceañera, las últimas palabras de su mamá fueron: “hasta que yo deje de existir, dejaré de cuidarte”.
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De acuerdo a la acusación de la fiscalía, el día del crimen, a eso de la una de la tarde, la muchacha le pidió permiso para ir al gimnasio y al negárselo, se molestó y tras replicarle que ya la tenía cansada, le dijo que la dejara hacer su vida.
Luego la adolescente esperó que su progenitora se durmiera y con un cuchillo en mano, la apuñaló en tres ocasiones en el cuello, la profesora desangrándose la logró agarrar del pelo y empezó un forcejeo, sin embargo, ya sin fuerzas cayó al suelo donde su hija la remató con otras puñaladas.
Posteriormente, se cambió la ropa, lavó el cuchillo y lo metió en un bolso, se dirigió donde su suegra y ahí lo tiró en una letrina; esperó varias horas y se fue a buscar a una prima que se localizaba en una iglesia para decirle que su mamá estaba muerta.
En su declaración inicial a la policía, la chavala dijo que había ido al gimnasio y que al regresar a la casa encontró a su mamá muerta, la que según ella, perdió la vida luego de tropezarse contra un abanico.
Sin embargo, en el proceso investigativo, la policía encontró escondido en el patio de la casa, un saco con ropa manchada con la sangre de la profesora.
Se conoció que fue hasta el 24 de mayo, tras demostrar que todas las evidencias apuntaban a que ella era la responsable, que la quinceañera confesó su culpabilidad.