“El eje articulador de una gran masa de votos de sectores populares,” logró victoria de Pedro Castillo

Boleta con los candidatos Pedro Castillo y Keiko Fujimori, Buenos Aires, Argentina, 6 de junio de 2021 Agustin Marcarian / Reuters

Ociel Alí López

La fórmula electoral de Pedro Castillo, un dirigente sindical y maestro de escuela rural, se impone en una apretadísima segunda vuelta en la que sacó, con el 100 % de las actas procesadas, 8.817.280 votos, después de haber contado con 2.724.752 votos en la primera vuelta, hace menos de dos meses.

Un verdadero crecimiento aluvional a pesar de haber sufrido la peor ofensiva de criminalización y desprestigio de campaña alguna en Perú, un país que cuenta con un rabioso y derechista sistema de medios que, finalmente, no parece ser tan efectivo.

Su candidatura lució débil, sin medios, sin estructura y totalmente desconocida en la primera vuelta, pero terminó convirtiéndose en el eje articulador de una gran masa de votos de sectores populares, especialmente de las zonas rurales, donde arrasó de manera contundente.

En la medida que era señalado y vejado, iba tomando cuerpo la candidatura de ‘El Profe’, pero también se iba fortaleciendo la de su contrincante, la poderosa Keiko Fujimori, que creció aún más en número de votos que el propio ganador, ya que subió de 1.930.762 votos en la primera vuelta a 8.756.882 votos el 6 de junio, aunque mantuvo una votación similar a la de los procesos que había perdido en 2016 y 2011, todos muy cerrados. Así, el resultado oficial premia a Castillo por una milagrosa distancia de unos 70.000 votos.

Mientras tanto, la derecha liberal, siempre guiada por Mario Vargas Llosa, se ha ahogado en la orilla del fujimorismo y además ha vuelto a perder la apuesta. La candidatura que han terminado apoyando en 2021 es la de su enemiga histórica, que además ahora ha sido acusada por la Fiscalía, quien pide 30 años de cárcel y desde este jueves prisión inmediata.

¿Qué busca el fujimorismo cuando declara fraude electoral?

El pedido del fujimorismo, específicamente de su partido Fuerza Popular (FP), de anular 802 mesas de sufragio en zonas donde ganó Castillo, es un acto reflejo que busca tener alguno de los siguientes efectos.

El primero es que trata de abrir un escenario extrainstitucional, donde las fuerzas armadas y las instituciones ralenticen el proceso, pongan en duda el resultado y obstaculicen o impidan la toma de posesión de Castillo.

Muchas cuentas de redes sociales ‘anticastillistas’ han hecho llamados a las Fuerzas Armadas para que impidan su juramentación, que debe efectuarse el 28 de julio. Pero estas han respondido a través de un comunicado oficial: “Las Fuerzas Armadas no son deliberantes y están subordinadas al poder constitucional, por lo que cualquier llamado a incumplir este encargado es impropio de una democracia”. De esta manera, la posición de las Fuerzas Armadas allana el camino para la juramentación del ganador.

Cualquier cambio podría ser considerado un golpe de Estado o un acto de desconocimiento de la soberanía popular y, por ende, de la constitución y las leyes

Sin embargo,el presidente del Jurado Nacional de Elecciones (JNE), Jorge Salas Arenas, consideró que el pedido presentado por FP para anular 802 mesas de sufragio podría llevar varios días para ser revisado y tomarse la decisión. La ley dice que debe haber una respuesta en tres días, pero el funcionario plantea que dada la cantidad de mesas impugnadas, el tiempo puede ser mayor. Parece que ralentizar el proceso se ha vuelto una estrategia institucional.

Una vez conocidos los resultados oficiales del conteo, y conocida la voluntad popular, cualquier cambio de dirección en el curso protocolar hacia la juramentación del nuevo presidente podría ser considerado un golpe de Estado o un acto de desconocimiento de la soberanía popular y, por ende, de la constitución y las leyes.

El segundo efecto que quiere conseguir Keiko con la impugnación es intentar de una vez erigirse como jefa de la oposición y además posicionarse como una ciudadana agraviada a la que le robaron la elección. La victimización como estrategia de seguir liderando a la derecha peruana, buena parte de ella antifujimorista a rabiar, pero que ahora le ha apoyado con el fin único que no gane el ya famoso ‘Profe’.

¿Podrá mantenerse Keiko como líder de la oposición una vez haya perdido y solidificar las alianzas con la derecha antifujimorista? ¿Puede ser Keiko la nueva Guaidó peruana? ¿Se atreverá la derecha a fabricar una salida extraconstitucional?