La familia de Decarlos Brown Jr., detenido tras asesinar brutalmente a Irina Zarútskaya, una joven refugiada ucraniana, en un tren de la ciudad de Charlotte, en Carolina del Norte (EEUU), asegura que el hombre lucha con una enfermedad mental después de que saliera de prisión en 2020.
Una grabación de audio de una conversación entre Brown y su hermana Tracey seis días después del crimen, ocurrido el pasado 22 de agosto, fue compartida esta semana por el diario británico Daily Mail, y el New York Post. En la llamada, el agresor intentaba explicar por qué atacó a la joven, asegurando que unos supuestos “materiales dentro de su cuerpo” fueron los responsables del asesinato.
“Me lastimé la mano al apuñalarla. Ni siquiera la conozco. No le dije ni una palabra. Da miedo ¿verdad? ¿Por qué alguien apuñalaría a alguien sin motivo?“, dice el detenido, revelando delirios que habrían motivado su conducta.

Al ser preguntado por qué atacó específicamente a Zarutska, Brown respondió: “Me estaba leyendo la mente”, al tiempo que pidió que “la Policía investigue” qué fue lo que le pusieron en su cuerpo.
Según su hermana, Decarlos Brown, de 34 años, estaba convencido de que el Gobierno le había implantado un microchip en el cerebro y reveló que ese día se dirigía al hospital para deshacerse del material.
Tracey también relató que, en una de las visitas a la cárcel, Brown “estaba murmurando y hablando solo”, acusándola a ella y su madre de ser víctimas de “trata” por parte del Gobierno para llegar a él.
Claros signos de trastorno mental grave
Los antecedentes penales de Brown, que incluyen hurto y allanamiento de morada, se remontan a 2007. En 2014 cumplió poco más de cinco años de prisión por robo con arma peligrosa y posesión de arma de fuego. Fue puesto en libertad condicional por un año en septiembre de 2020. Su madre y hermana coinciden que, después de haber sido liberado, Brown no era el mismo y se fue volviendo más agresivo con el tiempo.