Entre los productos más habituales en la cocina, pocos despiertan tantas comparaciones como la manteca y la margarina. A simple vista, pueden parecer intercambiables: comparten una textura untable, un color dorado y la capacidad de dar sabor y cuerpo a piezas de pan, tortas o salsas. Sin embargo, detrás de esa apariencia similar, existen diferencias notables que se perciben tanto en la mesa como en el proceso de elaboración.
El color de la manteca proviene del betacaroteno presente en la hierba consumida por las vacas, lo que le otorga ese tono dorado natural. Por el contrario, la margarina, originalmente incolora, debe ser teñida artificialmente con pigmentos sintéticos para imitar ese aspecto. En la cuestión del sabor la situación es parecida, ya que también utiliza saborizantes como el diacetilo y mezclas de componentes para replicar el sabor del lácteo.
En cuanto a su preparación, la tradicional se obtiene batiendo o agitando crema hasta separar la grasa de la leche, formando una masa sólida que puede amasarse y prensarse. Algunas variantes incorporan una fermentación con bacterias lácticas, lo que intensifica su aroma y enriquece su perfil gustativo.
La margarina, por su parte, se elabora a partir de aceites vegetales líquidos que pasan por un proceso llamado interesterificación, donde se reorganizan las moléculas para conseguir una textura sólida y homogénea. Este procedimiento permite que mantenga su forma y untuosidad, aunque su sabor y color sean el resultado de aditivos específicos.
Elegir cualquiera de las alternativas requiere conocer que una es de origen lácteo y contiene más grasas saturadas, mientras que la otra se basa casi siempre en aceites vegetales y suele ofrecer menos grasas saturadas.
Para la salud, diversas entidades como Mayo Clinic, Harvard y la British Heart Foundation sugieren preferir el producto con menor contenido de grasas saturadas y sin grasas trans, leyendo detenidamente las etiquetas, pero la mejor opción depende del uso culinario y los objetivos personales.
Las principales diferencias afectan a la salud cardiovascular. Según Mayo Clinic, la manteca aporta grasas saturadas que elevan el colesterol LDL (“malo”) y este factor se asocia a mayor riesgo de enfermedades cardíacas.
La British Heart Foundation alerta que una cucharada puede aportar hasta 5 gramos de grasas saturadas, lo que representa una parte considerable de la ingesta diaria recomendada.
La margarina, especialmente las presentaciones blandas o líquidas, suele contener menos grasas saturadas y más insaturadas, lo que puede ayudar a disminuir el colesterol y reducir el riesgo cardíaco si se seleccionan las opciones adecuadas. “Es mejor para la salud del corazón”, expone Mayo Clinic.
Harvard resalta que la reformulación de estos alimentos en la mayoría de los países ha eliminado las grasas trans, aunque señala que las variedades en barra todavía pueden contener mayores cantidades de grasas saturadas y sal.
Los especialistas recomiendan preferir productos para untar con bajo contenido de grasas saturadas y verificar el aporte de sal en las etiquetas. La British Heart Foundation aclara que, si bien es ultraprocesada, puede ser preferible a la manteca por su perfil de grasas si se elige adecuadamente.
Otras alternativas saludables incluyen aceite de oliva, aceites vegetales y cremas de frutos secos, todos ricos en grasas insaturadas. Estas opciones sirven tanto para untar como para cocinar.
Tomado de infobae