El último esfuerzo de la Unión Europea (UE) para redefinir sus vínculos comerciales y económicos con China se encuentra estancado debido a la falta de consenso interno y al escepticismo de varios Estados miembros sobre la capacidad de respuesta del bloque si fracasa la vía diplomática, informó Bloomberg este jueves, citando fuentes al tanto de la situación que hablaron bajo condición de anonimato.
Aunque el bloque comunitario se adhiere a una retórica estricta y firme hacia Pekín, varias personas familiarizadas con los debates internos admiten que Bruselas carece de la voluntad política necesaria para lograr un cambio real o enfrentarse abiertamente al gigante asiático. Se precisa que los líderes de la UE no consiguen ponerse de acuerdo sobre las medidas concretas para hacer frente a un déficit comercial que ya supera los 360.000 millones de euros ni sobre cómo reforzar a las industrias europeas frente a los competidores chinos.

Este desacuerdo fue evidente en la cumbre del mes pasado en Bruselas. Mientras algunos líderes pedían dar un mandato inmediato a la Comisión para diseñar nuevos mecanismos de defensa comercial, otros reclamaron prudencia y priorizaron el diálogo. Un tercer grupo advirtió que la “batalla” industrial ya podría estar perdida y que la prioridad de la UE debería ser simplemente mitigar daños ante su profunda dependencia de Pekín en sectores sensibles.
Según un alto ejecutivo, el problema de la UE no radica en la falta de herramientas técnicas, sino en la ausencia de determinación para implementarlas. Otro, a su vez, añadió que muy pocos Gobiernos europeos están dispuestos a asumir el impacto económico que entrañaría una respuesta de China.
El medio recuerda que el gigante asiático ejerce un dominio sobre los minerales y chips que son vitales para sectores estratégicos europeos, como la defensa y la automoción, lo que representa un obstáculo serio para los intentos de la UE de endurecer su postura.
De hecho, Pekín ya ha emitido advertencias claras sobre su disposición a responder con firmeza ante cualquier iniciativa comunitaria dirigida a proteger sus mercados o a endurecer su normativa comercial. Por lo tanto, el análisis sostiene que es muy poco probable que la UE adopte medidas radicales para reestructurar relaciones comerciales con Pekín, dado el temor del bloque a involucrarse en un conflicto.