Las capacidades básicas de la inteligencia artificial generativa podrían convertirse en una especie de “comida rápida barata”, una oferta siempre disponible, de bajo costo y en expansión, análoga al menú económico orientado a niños de familias de bajos ingresos.
Así lo plantea la profesora de la Universidad de Chicago Dana Suskind en una columna publicada en The Atlantic, donde sostiene que, del mismo modo en que la alimentación saludable terminó asociándose al estatus, una niñez con menos ‘chatbots’ podría pasar a ser un privilegio.
La autora, médica y especialista en desarrollo infantil, explica que el cerebro de los niños está diseñado para aprender de otras personas mediante intercambios cotidianos de “ida y vuelta”, la respuesta al llanto, la palabra dicha con calma, el ajuste cuando algo no se entiende. Ese tipo de interacción, sostiene, consolida conexiones neuronales y habilidades socioemocionales.
Experiencia con problemas a largo plazo
En su mirada, aunque a simple vista un menor conversando con la IA puede parecer una experiencia enriquecedora, a largo plazo podría perder “fricciones” clave, como el esfuerzo por reparar un malentendido, que contribuyen a construir tolerancia a la frustración y empatía.
Suskind compara el fenómeno con la industria alimentaria, que durante décadas optimizó productos para maximizar el placer y el consumo. Con la IA, advierte, los sistemas diseñados para “interactuar” tienden a eliminar aquello que en el desarrollo funciona como resistencia, demoras, confusiones o la necesidad de reformular.
El resultado, según su planteo, sería una infancia con conversaciones más fáciles, pero menos formativas, del mismo modo en que una dieta ultraprocesada puede ser más accesible y atractiva, pero más pobre en elementos esenciales.
Tomadode Actualidad RT




