El lunes una inmensa ola sorprendió a los bañistas que pasaban el día en la playa en las ciudades argentinas de Santa Clara y Mar de Plata, dejando en la primera un muerto y 35 heridos.
El imprevisto fenómeno, que dejó conmocionados a residentes y visitantes y provocó la intervención de los servicios de emergencia, parece encuadrar en lo que los expertos denominan como meteotsunami.
Esa inusual ola pudo ser el producto, no de un movimiento marino, sino de una diferencia repentina y sensible de presión entre la masa de aire y la presión sobre la superficie marina.
Un tsunami llegó a la costa. Decenas de heridos y un muerto. Fue una ola de 5 metros decían. pic.twitter.com/Fv3MA75plv
— Gonzalo (@gonziver) January 12, 2026
Se trata de movimientos imprevisibles que todavía están siendo estudiados por la ciencia. Es casi imposible su predicción, así como tampoco se puede saber si van a volver a tener lugar en forma de réplicas.
Grandes olas sin relación con tsunamis
Los meteotsunamis se definen como grandes olas provocadas por perturbaciones atmosféricas generalmente vinculadas a cambios bruscos de presión, tormentas severas y frentes fríos.
Aunque su efecto recuerde al de los tsunamis, no tienen origen en los terremotos submarinos, sino que son esas fluctuaciones rápidas de presión las que las provocan.
Se producen principalmente al llegar a zonas de la plataforma continental poco profundas, sobre todo en bahías, puertos o entradas costeras, donde la forma del fondo marino puede amplificar el efecto.
La altura de esas olas puede ser cercana a los dos metros y recorren largas distancias de la costa.
Desesperado salvataje de una persona en Santa Clara, otra de las localidades afectadas por la "súper ola" o "mini tsunami". pic.twitter.com/k7MmvxpQfH
— Mi8 (@canal8mdp) January 13, 2026
También son diferentes de los seiches, un fenómeno que se produce en cuencas cerradas, como lagos, normalmente producido por fuertes vientos que hacen que las aguas se balanceen de un lado a otro.
La cantidad de factores atmosféricos involucrados, que abarcan la interacción entre el clima y el mar, dificultan su predicción, si bien la monitorización de los cambios bruscos de presión y las intensas tormentas en zonas cercanas a la costa ayudan a expertos y autoridades a alertar a la población de la posibilidad de este tipo de eventos.