Las turbulencias políticas alrededor de Ceuta siguen en la mira de España, donde el Gobierno busca salidas aceptables para todos, pero el asunto migratorio se complica.

En paralelo al deseo de devolver a Marruecos las cerca de cinco mil personas irregulares en la ciudad autónoma española, están unos do mil menores no acompañados a la espera de ser redistribuidos en diferentes regiones del país.

La presión migratoria, la seguridad fronteriza y sus consecuencias sociales, económicas y políticas, no terminan por encontrar un camino hacia la estabilidad. Marruecos, en plena campaña electoral, enrareció más el panorama con reclamos de soberanía de Ceuta y Melilla, dos ciudades que nunca estuvieron al amparo de Rabat en la historia.

Ceuta, en todo caso, está situada en el norte de África y es fronteriza con Marruecos, y aunque desde hace más de 500 años, al igual que Melilla, pertenece a España, su pasado musulmán y su ubicación geográfica la retratan.

Entre el 30 y 31 de julio, sufrió una entrada masiva de personas que desbordó temporalmente la capacidad de acogida y de los servicios públicos. La cifra no está clara todavía, más de 72 mil según datos oficiosos.

En las semanas posteriores, una parte importante de los migrantes regresaron voluntariamente a Marruecos, mientras que las autoridades españolas iniciaron procedimientos de devolución y expulsión.

Sin embargo, el proceso requiere identificar a las personas y para ello se levantan campamentos temporales en las playas y zonas aledañas, una tarea en ejecución.

Tomado de Prensa Latina