Según Wang Yi, canciller de China, quien reprochó a Washington por referirse al SARS-CoV-2 como al “virus de Wuhan” desde el principio, el objetivo de EE.UU. es desviar la responsabilidad de su propia respuesta “débil” a la pandemia y a la vez desacreditar y reprimir a otros países.
El ministro de Exteriores chino reconoció la importancia del rastreo de los orígenes del coronavirus, pero sostuvo que el trabajo científico serio está siendo manipulado políticamente en un intento de culpar a un país o dividir a la comunidad internacional.
El pasado viernes, el director general de la Organización Mundial de la Salud, Tedros Adhanom Ghebreyesus, propuso llevar a cabo una segunda fase de estudios sobre los orígenes del coronavirus, que incluya auditorías de laboratorios y mercados en Wuhan, y volvió a pedir transparencia a las autoridades del país asiático.
Un día antes, Adhanom afirmó que China todavía no ha entregado a la OMS los datos no procesados sobre el covid-19 que el organismo solicitó a principios de 2020, lo que socavaría las investigaciones para determinar cómo surgió el virus.
Por su parte, el Pekín rechazó la propuesta de la OMS para adelantar un nuevo estudio sobre el origen del covid-19 al considerar que ese llamado, en su versión actual, está comprometido por la manipulación política y no respeta los criterios de la ciencia.
Yuan Zhiming, director del laboratorio del Instituto de Virología de Wuhan, desestimó también las acusaciones de que el SARS-CoV-2 podría haber escapado de uno de los dos laboratorios de la ciudad, y reiteró que “el consenso general de la comunidad académica es que el coronavirus se generó de forma natural”.