Unos 700 militares estadounidenses han resultado heridos en ataques de misiles y drones iraníes contra bases de su país en Oriente Medio y otros enfrentamientos, reseña AP, que refiere declaraciones públicas de oficiales castrenses. Según esas fuentes, la mayoría ha sufrido trauma cerebral y ya se ha reincorporado al servicio activo.
En julio pasado, el portavoz principal del Pentágono, Sean Parnell, calificó las lesiones reportadas por las tropas en un lapso de 2 semanas como “conmociones cerebrales leves”, pero los especialistas advierten que esa valoración no es equivalente a afirmar que quien la padeció estará libre de riesgo; antes bien, consideran que es imposible predecir su curso.
Si bien la mayoría de quienes sufren un trauma cerebral leve se recupera plenamente al cabo de pocas semanas, otros desarrollan síntomas o dificultades que pueden persistir por meses o años. Una lista no exhaustiva incluye cefaleas, problemas de memoria, mareos, problemas de atención y “niebla mental”.
En el peor de los casos, el afectado podría padecer condiciones permanentes como encefalopatía traumática crónica, una enfermedad degenerativa cuya aparición se ve favorecida por el hecho de recibir repetidamente golpes en la cabeza, como sucede en practicantes de fútbol americano y boxeadores, entre quienes se han incrementado los diagnósticos de esta condición.
Riesgos a largo plazo
Por ello es preciso que quienes sufrieron una conmoción cerebral se recuperen plenamente antes de realizar actividades donde exista riesgo de que sufran otra, dijo a AP el doctor David Okonkwo, quien es especialista en traumatismos cerebrales de la Universidad de Pittsburgh.
El impacto directo no es la única forma en la que el cerebro puede sufrir daños en un contexto bélico. Aunque aún se investigan los efectos de las explosiones, para el profesor James Kelly, catedrático emérito de la Facultad de Medicina de la Universidad de Colorado y experto en lesiones cerebrales dentro del ámbito castrense, está claro, que, si bien la “onda expansiva en sí misma puede ser dañina”, también es cierto que “se trata de una lesión celular diferente”. “Una explosión es distinta a un traumatismo craneoencefálico por impacto”, puntualizó.
Entre los años 2000 y 2025, más de 500.000 soldados estadounidenses fueron diagnosticados con lesiones cerebrales traumáticas mientras luchaban en las guerras de Afganistán e Irak. El 82 % de los casos recibió la calificación de “leve” y no todos estuvieron vinculados con combates, pero los defensores de los derechos de los militares estiman que esa cifra podría estar subestimada debido a que los síntomas suelen superponerse con otras afecciones derivadas de la guerra, como el síndrome de estrés postraumático, y también por el hecho de que las secuelas de un trauma cerebral pueden aparecer años más tarde del incidente.
Tomado de RT




