Cuando las relaciones se basan en la dependencia y no el amor: “Si no estás, me muero”

Cuando las relaciones se basan en la dependencia y no el amor: “Si no estás, me muero”

El término relaciones tóxicas está cada vez más difundido y, de tanto utilizarlo, puede vaciarse de significado. Antes que nada, para poder entender cuáles son los vínculos amorosos que producen daño, es necesario saber qué distingue a una relación afectiva saludable y cómo se construye.

Para empezar es necesario tener en cuenta que los vínculos humanos son complejos y multifacéticos. “Una relación sana, no se trata de una relación perfecta, ya que eso es inexistente.

Según la especialista, estos fundamentos se relacionan, en primer lugar, con el amor y la sexualidad. Una relación donde falta la pasión o el erotismo se convierte simplemente en amistad y la confianza es esencial, así como la admiración mutua. No se trata de la admiración basada en “estándares sociales de éxito, sino a admirar las pequeñas cosas, como la forma de pensar del otro, su risa, su habilidad en la cocina o su manera de enfrentar situaciones diarias”, define Furst.

Es esencial reconocer las características de una relación sana para poder establecer límites y evitar caer en patrones destructivos. En la entrevista con la licenciada Furst exploraremos los pilares fundamentales de una relación sana y cómo distinguirla de una tóxica.

Hoy la palabra toxicidad está como en su auge, está muy de moda y la escuchamos con mucha frecuencia para describir muchos comportamientos. ¿Sentís que se aplica con mucha liviandad y que pierde un poco su significado?

No es lo mismo una relación tóxica que una relación violenta. Lo tóxico se vincula con el exceso. Y el exceso tiene que ver con el goce, con lo que no tiene que ver con el placer, sino con lo que está más allá del principio de placer. Un placer doloroso que uno sabe que le hace mal y se queda ahí.

Creo que estos excesos son parte de la vida y que todos los tenemos en algún momento de nuestra historia, situaciones que nos hacen mal y de las que no podemos salir. Pero sí creo que muchas veces se banaliza la palabra, cuando se aplica a determinadas discusiones que son parte de todas las relaciones o un poquito de celos. Me parece que cuando se emplea este término tenemos que pensar que la persona está padeciendo y sufriendo.

— ¿Qué pasos habría que tomar para recomponerse como pareja después de una infidelidad?

— Creo que nunca hay que investigar qué pasó, sino poder entender cuáles fueron las razones por las cuales sucedió, qué es lo que estaba sucediendo en la pareja, cuál era el conflicto subyacente, por qué nos estábamos sintiendo mal. La fidelidad es una elección. Todos podemos vivir situaciones con tentaciones, pero lo que sucede muchas veces es que uno dice “elijo no hacerlo para no lastimar al otro”. Entonces me parece que para poder recomponer hay que poder empezar a pensar cuáles fueron los desencadenantes.

— Cada vez escucho más sobre relaciones abiertas, poliamor, vínculos distintos a los que crecí escuchando. ¿Creés que aumentaron este tipo de nuevas formas de pareja?

— Ocurre más, no solo en jóvenes, también en adultos. Cunado me consultan acerca de las relaciones abiertas, la experiencia que tengo es que en general hay uno de los dos que quiere abrir la relación, que tal vez porque no está tan enganchado o porque cree que es una modalidad que le puede funcionar y, muchas veces, el otro accede para no perder la relación. Creo que muchas veces estas relaciones abiertas terminan teniendo una cuota de sometimiento por parte del que accede. Lo que veo es que un poco, como hablamos en el tema de la infidelidad, hay momentos en donde uno tal vez ya no tolera no ser exclusivo y aparecen celos.

— ¿Creés que la pareja monogámica tradicional se está extinguiendo?

— Creo que no. Por suerte, cambió el rol de la mujer que va ocupando lugares importantes, diferentes y más valorados, y la pareja tradicional está cambiando ya hace muchísimo tiempo. Creo que la monogamia no se está extinguiendo. Si es cierto que la pareja, al requerir de muchísimo esfuerzo, y en tiempos vertiginosos, creo que lo que sí tal vez tendríamos que tolerar es poder trabajar las diferencias, estar menos ansiosos ante un conflicto. Darse el tiempo para poder profundizar, porque muchas veces también escucho de separaciones en las que hubo mucho arrepentimiento: “Y si lo hubiera peleado un poco más, ¿por qué lo hice tan rápido?”.

Artículo tomado de