La aparición repentina de un bulto bajo la mandíbula o en el cuello genera preocupación de inmediato, aunque en la gran mayoría de los casos obedece a una respuesta del organismo frente a un resfriado o una infección viral transitoria.
Sin embargo, según advirtió un informe de Cleveland Clinic, los ganglioslinfáticos inflamados pueden ser, en ciertos casos, un indicador temprano de cáncer.
El Dr.Daniel Sullivan, médico internista de esa institución, explicó cuándo ese síntoma merece atención médica urgente y cuáles son las señales que distinguen una inflamación benigna de una potencialmente grave.
El cuerpo humano alberga alrededor de 600 ganglios linfáticos, distribuidos desde las piernas hasta la mandíbula. Estos pequeños nódulos, de tamaño comparable al de un guisante forman parte del sistema linfático y actúan como filtros que retienen bacterias, virus y otras sustancias no deseadas.
“Los ganglios linfáticos son el sofisticado sistema de alcantarillado del cuerpo”, describió Sullivan. Cuando se inflaman en la zona del cuello, condición denominada linfadenopatía cervical, el motivo más frecuente es una infección activa. Pero esa regla tiene excepciones.
Según el experto, varios tipos de cáncer pueden provocar inflamación en los ganglios linfáticos cervicales. La leucemia, un cáncer de la sangre caracterizado por el crecimiento acelerado de células anormales, puede generar acumulaciones en los ganglios.
El Dr. Sullivan advirtió que la inflamación también puede ser una señal de cáncer metastásico: “Cuando las células cancerosas se desprenden del tumor original, entran en el torrente sanguíneo o el sistema linfático y se diseminan a otras partes del cuerpo”.
No es posible determinar a simple vista ni al tacto si un ganglio inflamado obedece a una infección o a una causa oncológica; solo un profesional de la salud puede confirmarlo. Aun así, la institución médica estadounidense detalló una serie de características que orientan la evaluación clínica.
El dolor es uno de los primeros indicadores: los ganglios inflamados por infección suelen ser sensibles al tacto, mientras que los asociados al cáncer generalmente no generan molestia. El tamaño también es relevante; cuando un ganglio alcanza 1,5 centímetros o más de diámetro, puede ser señal de algo más que una infección común.
En cuanto a la textura, los nódulos sanos son blandos y algo esponjosos; el linfoma tiende a volverlos gomosos, mientras que los cánceres metastásicos suelen endurecerlos y dejarlos fijos, sin posibilidad de desplazarlos con los dedos.
El crecimiento sostenido es otra señal de alerta: una vez eliminada la infección, los ganglios deberían recuperar su tamaño habitual. Si continúan creciendo, el cuadro requiere evaluación médica.
Tomado de infobae




