David Benavidez es mitad hombre, mitad monstruo. Anoche recibió su bautizo del Cinco de Mayo como uno de los boxeadores más impresionantes de la actualidad. Aportó al espectáculo lo que el boxeo y los fanáticos reclaman: explosividad, sangre y nocaut. El triunfo sobre Gilberto ‘El Zurdo’ Ramírez no solo lo convierte en tricampeón mundial y lo hace dueño de dos títulos cruceros (AMB y OMB), sino que también está rompiendo paradigmas. Saltó 25 libras para destruir a un tipo más alto, con mayor alcance y mucho más pesado que él.
Se siente el rey del mundo, invencible. Cree que puede nadar en lava, caminar sobre cocodrilos o acariciar leones. Es un “mata gigantes”. Y Mike Tyson lo supo antes que todos cuando le puso el apodo de “Monstruo” y decidió acompañarlo al ring en su consagración en la T-Mobile Arena. La respuesta de Benavidez sobre el cuadrilátero fue excelsa, destrozando los límites de lo esperado. Midió desde temprano a Ramírez y empezó a mostrar sus herramientas: la pegada, la velocidad y las combinaciones largas y precisas. En el cuarto asalto ya sabía que lo noquearía, solo que, como todo buen cazador, jugó con la presa, le dio un respiro, le hizo creer que podía hacer algo más, pero todo estaba consumado. Tenía el ritmo, el dominio del centro del ring y se alimentaba de los gritos del público. La pelea terminó cuando Benavidez quiso terminarla.
Y lo que hizo Benavidez lo hacen los grandes boxeadores. Edifica su reinado cumpliendo su palabra y priorizando el entretenimiento. Se rige por una sola ley, la ley de Benavidez: perseguir a los grandes nombres, los mismos que le huían años atrás, y ahora buscará cazarlos más temprano que tarde. Bien pudo enfrentarse a cualquier otro peleador desconocido en las 175 libras y hacer una defensa sin riesgos, pero dijo que no, llamó a Oscar De La Hoya y le propuso la pelea con ‘El Zurdo’ para medir su frontera. Ahora regresa al semipesado y se cocina el combate contra Dmitry Bivol para quedarse con todos los títulos de esa división.
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