El cambio climático está impactando negativamente en la producción y en el distintivo sabor umami del matcha, el té tradicional japonés que se ha vuelto popular en bebidas y alimentos alrededor del mundo, según un artículo publicado esta semana en NewScientist.
La hoja de té verde tencha prémium, que crece en la sombra y se muele para hacer matcha, se desarrolla mejor durante la primavera japonesa, de marzo a mayo, cuando las temperaturas diurnas rondan los 20 a 25 grados Celsius y descienden por la noche.
Sin embargo, las temperaturas primaverales en la región de Kioto-Uji, hogar del mejor matcha de Japón, han aumentado aproximadamente entre 0,6 y 1 °C en los últimos 100 años, lo que ha provocado que las plantas produzcan más catequinas, compuestos defensivos de sabor amargo.
“El cambio climático ha alterado las condiciones de cultivo, y los cultivares convencionales no siempre pueden desempeñarse adecuadamente bajo estas condiciones cambiantes”, señala Akiko Ogino, del Instituto NARO de Ciencia Vegetal y del Té en Makurazaki.
Los cultivadores han comenzado a utilizar selección genómica para superar este desafío, identificando marcadores de tolerancia al calor en las plántulas y acelerando un proceso que tradicionalmente tomaba alrededor de 15 años.
Takashi Ikka, de la Universidad de Shizuoka, indica que la selección genómica ya se está incorporando en programas japoneses de mejoramiento del té.
Aunque no es una solución perfecta debido a las limitaciones en las bases de datos genómicas existentes, Ikka sugiere que los criadores pueden seleccionar tanto la tolerancia al calor como el sabor agradable.




