Las crecientes tensiones geopolíticas globales han impulsado un incremento generalizado en el gasto militar de los países de la OCDE (la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, de 38 miembros), el llamado ‘club de los países ricos’. Según este organismo, los presupuestos de defensa crecen hoy a un ritmo superior al de los ingresos nacionales, alcanzando niveles de participación en la economía que no se registraban desde el fin de la Guerra Fría.
Para reflejar esta tendencia, la OCDE compara el gasto promedio del periodo 2015-2022 con los datos consolidados del 2025, expresados como porcentaje del Producto Interior Bruto (PIB), el indicador macroeconómico que mide el valor de todos los bienes y servicios producidos por un país durante un año.
Israel encabeza la lista con un gasto militar que alcanza el 7,8 % del PIB (frente al 5,0 % histórico), condicionado por las tensiones en Oriente Medio.
En Europa, Polonia destaca en el flanco oriental, al duplicar su presupuesto de defensa, pasando del 2,1 % al 4,5 % del PIB.
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Le siguen de cerca Letonia (que sube del 1,9 % al 3,6 %) y Estonia (del 2,0 % al 3,4 %). El esfuerzo fiscal de estas naciones de Europa del Este supera, en términos relativos, al de potencias tradicionales como Estados Unidos (3,4 % del PIB) o el Reino Unido (2,4 %).
Contraste: economías como Chile, Estados Unidos, Turquía o Australia redujeron ligeramente la proporción de su riqueza destinada a defensa frente a sus promedios históricos. No obstante, EE.UU. sigue liderando el presupuesto militar global en términos absolutos.
Sostener este incremento del gasto plantea un desafío para las cuentas públicas de los gobiernos, que ya arrastran elevados niveles de endeudamiento. Con la meta de cumplir el compromiso de la OTAN de destinar el 3,5 % del PIB a la “defensa principal” para el 2035 —es decir, la inversión directa en armamento, equipamiento militar y personal—, 17 países de la Unión Europea han activado las denominadas “cláusulas de escape”.
Estas son autorizaciones legales extraordinarias que permiten a los gobiernos rebasar temporalmente los topes permitidos de déficit y deuda pública para atender prioridades urgentes. No obstante, una vez que estas excepciones expiren, los Estados se verán ante la necesidad de: elevar la presión fiscal mediante subidas de impuestos, o aplicar recortes de gasto en sectores como la educación, la sanidad y la transición ecológica.
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Por otro lado, la OCDE advierte que el retorno económico del gasto en defensa es limitado, con un “multiplicador fiscal” estimado entre el 0,6 y el 1.
En la práctica, esto implica que cada euro destinado al sector militar genera menos de un euro de crecimiento real en la economía interna.
Este rendimiento se debe, principalmente, a la llamada “fuga por importaciones”: muchos países no fabrican sus propios sistemas de defensa avanzados y adquieren el material a proveedores extranjeros.
A largo plazo, la OCDE señala que esta inversión solo se traducirá en beneficios para la actividad civil si genera “efectos de desborde tecnológico”, es decir, innovaciones que inicialmente se desarrollan para el ámbito militar, pero terminan aplicándose en la vida cotidiana de la sociedad, tal como ocurrió históricamente con tecnologías como el GPS o Internet.
Tomado de Actualidad RT




