Kilmar Abrego García, salvadoreño deportado por error, regresa a EEUU para afrontar cargos penales por presuntamente trasladar migrantes indocumentados dentro del país, confirmó este viernes la fiscal general, Pam Bondi.
En una conferencia de prensa, Bondi indicó que además de transportar menores de edad y mujeres en vehículos, llevaban armas y drogas. “El tráfico de personas no solo en nuestro país, sino en el mundo, es muy real, es muy peligroso”, subrayó.
Señaló que entre las personas trasladadas había miembros de la pandilla Mara Salvatrucha (MS-13), calificada por la Administración de Donald Trump como organización terrorista extranjera. “Son muy peligrosos y viven en nuestro país, pero no más, porque están siendo arrestados, procesados, condenados y deportados cuando sea apropiado”, afirmó Bondi.
“Estos hechos demuestran que Abrego García es peligroso para nuestra comunidad“, enfatizó la fiscal general.
Previamente fuentes informadas sobre la acusación le apuntaron a la cadena local ABC News que Abrego García, de 29 años, participó en una conspiración que durante años transportó inmigrantes sin papeles desde Texas al interior de la nación norteamericana.
“Lo que cambió es que Donald Trump es presidente de EEUU y nuestras fronteras están seguras otra vez“, manifestó Bondi.
Por su parte, el abogado de Abrego García afirmó que se enfocará en que su representado tenga un juicio justo. “No solo luchamos por Kilmar, luchamos para garantizar que se proteja el derecho al debido proceso para todos. Porque mañana, cualquiera de nosotros podría ser el blanco si permitimos que el poder se descontrole, si ignoramos nuestra Constitución”, dijo.
El veinteañero fue enviado el 15 de marzo pasado a la megacárcel de máxima seguridad de El Salvador conocida como Centro de Confinamiento del Terorismo (Cecot), pese a que tenía protección judicial que prohibía su traslado.
El Gobierno de EEUU sostiene que Abrego García forma parte del MS-13. En abril pasado, desde el Despacho Oval, Trump discutió con un corresponsal de ABC por unos tatuajes que —según la Casa Blanca— prueban sus vínculos con la banda.