El placer inmediato que podría alimentar la depresión

Un mayor consumo de azúcar se asocia con más probabilidades de padecer depresión y ansiedad, según encontró un estudio publicado en Health Science Reports.

Los investigadores llevaron a cabo un experimento que duró alrededor de dos años. Durante ese tiempo, 377 participantes del Reino Unido de diversas edades completaron un cuestionario sobre la cantidad de azúcar que consumían y sus tipos. Además, debían rellenar una escala de depresión, ansiedad y estrés.

¿Es realmente saludable el pan integral?

Como muestran los resultados, la depresión afectó al 125% de los participantes y la ansiedad al 16.4%. Asimismo, un consumo elevado de sacarosa se vinculó con una mayor probabilidad de ansiedad, pero no depresión; mientras que el consumo de bebidas azucaradas se relacionó tanto con la depresión como con la ansiedad.

Los investigadores destacaron cuatro hipótesis de esta correlación. La primera es que el azúcar puede aumentar la producción de cortisol, la hormona del estrés, y, como consecuencia, el organismo afronta peor las situaciones estresantes. Según la segunda teoría, la ingesta de azúcar puede alterar el equilibrio de dopamina (neurotransmisor responsable de la motivación y el placer) y serotonina (neurotransmisor que regula el estado de ánimo): el cerebro se habitúa a la gratificación inmediata, lo que puede generar dependencia.

Un tercer factor es que el azúcar puede modificar la microbiota, que influye en el estado de ánimo. Por último, el consumo de dulces altera el metabolismo al provocar inflamaciones que afectan al estado anímico.

“Descubrimos que las personas que consumían más azúcar tenían más probabilidades de sufrir depresión y ansiedad”, explicó Piril Hepsomali, coautora del estudio e investigadora de la Universidad de Reading (Reino Unido), al portal Psypost. Y destacó que, aunque el estudio no demuestra que el azúcar o las bebidas azucaradas provoquen directamente esos trastornos “sí pone de relieve que la cantidad de azúcar que se consume es un factor importante a tener en cuenta para nuestra salud mental”. 

Los investigadores señalan que serán necesario futuros estudios a gran escala para hacer un seguimiento de distintos grupos de personas durante largos periodos de tiempo que permitan comprender mejor la interrelación entre alimentación y estado de ánimo.