Reducir drásticamente el consumo de alimentos ultraprocesados (UPF, por sus siglas en inglés) —que contienen altos niveles de azúcares añadidos, grasas saturadas y trans, sal y aditivos, mientras carecen de fibra, vitaminas y otros nutrientes esenciales— podría mejorar los síntomas de depresión y, en menor medida, los de ansiedad, según un estudio preliminar de la Universidad de California, San Francisco (EE.UU).
La investigación, publicada la semana pasada en la revista JAMA Psychiatry, incluyó a 20 personas con una edad media de 44 años, el 70 % mujeres. Todos los participantes tenían depresión, un índice de masa corporal elevado y al menos un trastorno metabólico, como hipertensión, diabetes o colesterol “malo” (LDL) alto. Catorce de ellos también presentaban ansiedad.
Durante el ensayo, un grupo mantuvo su alimentación habitual durante cuatro semanas, mientras el otro adoptó una dieta baja en ultraprocesados con orientación de los investigadores. Luego ambos grupos intercambiaron sus dietas.
Los resultados mostraron que quienes redujeron los alimentos ultraprocesados en más del 85 % registraron mejoras de moderadas a grandes en tres mediciones distintas de depresión. Las puntuaciones de ansiedad también mejoraron, aunque de forma más modesta. El autor principal, Andrew Krystal, subrayó que el estudio “estableció con éxito la viabilidad de llevar a cabo esta investigación en un ensayo a mayor escala”.
La trampa de los ultraprocesados
Por su parte, la autora correspondiente, Nyasha Chagwedera, explicó que reducir los ultraprocesados no es fácil, ya que son “muy apetecibles, baratos y convenientes”. Añadió estos productos “activan la dopamina, la hormona del placer, que promueve el ansia. Las empresas alimentarias trabajan con científicos para encontrar la cantidad justa de azúcar, sal y grasa que te haga querer comer más y más”




