Una investigación de 10 años de la Escuela Bloomberg de Salud Pública de Johns Hopkins asoció dormir siesta durante el día “la mayoría de los días” o a diario con un 48 % de mayor riesgo de demencia en adultos mayores.

En el estudio, publicado en The Journal of Gerontology: Medical Sciences, se analizaron los datos de 995 beneficiarios de Medicare —el seguro público de salud para mayores en EE.UU— de 65 años o más, seguidos entre 2013 y 2023, todos sin deterioro cognitivo al inicio.

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En ese marco, el equipo comparó a quienes casi nunca dormían siesta con quienes lo hacían con frecuencia. Al ajustar por variables como salud y sueño nocturno, los “siesteros frecuentes” mostraron un mayor riesgo de demencia.

¿Quedarse dormido “sin querer”?

Además, la investigación distinguió entre siestas planificadas y quedarse dormido “sin querer” durante el día. Ese sueño involuntario se asoció con un 39 % de más riesgo, un patrón que los autores consideran relevante para entender cambios tempranos.

A su vez, la duración también importó: siestas de 30 minutos o menos se vincularon con un 40 % más riesgo. En cambio, la relación con siestas de más de 30 minutos se debilitó al ajustar por variables de sueño, según el análisis.

Para descartar que se tratara solo de un efecto muy cercano al diagnóstico, los científicos excluyeron a quienes fueron clasificados con demencia en los primeros cinco años y, aun así, la asociación con siestas frecuentes e involuntarias se mantuvo, lo que apunta a cambios previos.

Finalmente, indicaron que el estudio no demuestra causalidad. “Dormir siestas con más frecuencia podría ser un marcador de cambios en el cerebro, más que una causa”, dijo el autor principal, Adam Spira.