Por Marcela Rivera – Sputnik /. Casi un siglo después de su asesinato, la figura de Augusto C. Sandino (1895-1934) no pertenece a la historia de Nicaragua. Su legado se proyecta como una referencia constante en el debate latinoamericano sobre soberanía, decoro, autodeterminación y límites del poder estadounidense en el hemisferio.
Para el historiador Rafael Cassanova, el magnicidio de 1934, no solo abrió paso a la dinastía somocista, sino que intentó sepultar el proyecto político de Sandino, que cuestionaba la subordinación de los gobernantes de Nicaragua a Washington.
“Sandino estaba derrotando a los norteamericanos de 1927 a 1933, y ellos, ese primero de enero del [año] 1933, se marchan, como se dice popularmente, con el rabo entre las piernas. Su propuesta sigue vigente, desde el sentido nacionalista y antimperialista de desafiar la potencia más poderosa con su política interventora”, afirmó Cassanova en una entrevista a Sputnik.
La resistencia ante la ocupación de Estados Unidos, llevó a Sandino a liderar una “guerra de guerrillas” con el Ejército Defensor de la Soberanía Nacional, que obligó a la retirada de los marines norteamericanos, pero fue asesinado el 21 de febrero de 1934, por órdenes del dictador Anastasio Somoza García, entonces director de la Guardia Nacional
Sin embargo, Cassanova subraya, que el intento de borrarlo, fracasó. “Jamás imaginaron que el pensamiento de Sandino iba a ser retomado por nuevas generaciones y que sería la herencia programática de una nueva organización revolucionaria” cuatro décadas más tarde.
🇳🇮 La vigencia del pensamiento de Sandino: una disputa abierta sobre soberanía y poder global
— Sputnik Mundo (@SputnikMundo) February 21, 2026
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Símbolo de resistencia extranjera
Su muerte lo convirtió en el símbolo de lucha insurreccional, por su proyecto político progresista de justicia social para la clase proletaria, de resistencia ante la injerencia, de dignidad nacional y unión latinoamericana.
“Su propuesta era de liberación social. ‘Mi mayor honra’, decía él, ‘es surgir del seno de los oprimidos, solo los obreros y campesinos llegarán hasta el final’, y en su proyecto de que el sistema del Estado fuera un sistema de cooperativas en donde las riquezas naturales se volcaran en favor del desarrollo del país y en favor del pueblo nicaragüense en general”, enfatizó Cassanova.
Desde la perspectiva del analista Xavier Díaz-Lacayo, la vigencia de Sandino no radica exclusivamente en su victoria militar frente a los marines estadounidenses, sino en su desafío moral y diplomático a la lógica de dominación hemisférica.
“Después de Sandino, que es alguien que se vinculó con el estudio de Simón Bolívar, con el estudio de [José] Martí y las influencias de los pueblos [originarios], [se] crean secuelas en la era moderna, principalmente en la Revolución cubana”, sostuvo Díaz-Lacayo.
“Tanto el Che [Ernesto] Guevara como el máximo exponente de la Revolución cubana, Fidel [Castro], advertían que con EEUU era imposible negociar, que [Washington] era imposible hacer concesiones porque no eran caballeros, porque no respetaban los acuerdos, porque no estaba en su naturaleza“, añadió.
Reafirma la autodeterminación latinoamericana
En declaraciones a Sputnik, dijo que la historia del líder guerrillero nicaragüense anticipó una constante en la región: la tensión entre proyectos nacionales autónomos y la influencia de una potencia que, bajo distintas administraciones, mantiene presencia política, económica y militar en América Latina.
Ambos analistas coinciden en que el asesinato de Sandino, por órdenes de Washington tras firmar la paz, simboliza una ruptura en la historia de la región, al exponer con su vida, la fragilidad de los acuerdos de actores nacionales frente a los intereses de EEUU.
“[El asesinato de Sandino a traición] para nosotros los nicaragüenses es una lección. Para EEUU no es un hito, [Washington] ya trabajaba anteriormente de esa manera: a traición. Lo que los ha movido siempre ha sido el botín de guerra. Está en la naturaleza también de su propia independencia, desde las colonias, desde la segregación racial de sus nativos, desde el irrespeto a todo pacto, a toda ley, a toda constitución”, agregó Díaz-Lacayo.
Para el analista, donde EEUU actúa al margen del derecho internacional, el nombre de Sandino emerge para reafirmar que la resistencia frente a la injerencia externa es una necesidad para la autodeterminación de las naciones.
“La enseñanza del asesinato de Sandino es que la manera oprobiosa en que funciona la política exterior estadounidense va a tener asidero siempre que existan cobardes, siempre que existan vendepatrias, siempre que existan peleles, que son aquellos que se han desobligado del dominio de identidad y de dignidad que la sangre de sus hermanos ha hecho en la construcción de sus distintas nacionalidades. Porque no solamente Nicaragua ha luchado y ha derramado sangre por la construcción de su identidad”.
Unidad ante el poder global
Las dinámicas que Sandino enfrentó, no solo pertenecen al pasado. Los despliegues navales de EEUU en el Caribe evocan la misma “diplomacia de las cañoneras” del siglo pasado, observó Cassanova.
El historiador advirtió que, en el contexto global donde nuevas potencias emergen y se reconfiguran los equilibrios económicos mundiales, estos actos no son aislados, sino parte de una disputa por el control de recursos estratégicos y zonas de influencia que impacta no solo a Nicaragua, sino a toda América Latina.
“Aquí se necesita [de] la unidad de los pueblos de América contra esa política, la unidad de los pueblos del mundo en defensa del derecho internacional porque Estados Unidos y la Unión Europea han escogido el camino prácticamente de la ilegalidad, de la violación del derecho internacional, de crear focos de tensión que amenacen con crear hasta una conflagración mundial y de ahí de que los pueblos del mundo tienen que estar alerta”, concluyó el historiador nicaragüense.