Las denuncias presentadas por dos actrices contra el exdiputado Íñigo Errejón por agresión sexual muestran coincidencias en el modo de actuar del político, quien habría forzado a ambas mujeres a mantener relaciones contra su voluntad.
De acuerdo con los documentos a los que accedió 20minutos, existen puntos en común entre la denuncia de este martes y la de Elisa Mouliaá. Uno de ellos está relacionado con el inicio del vínculo, ya que los primeros diálogos fueron a través de Instagram* y luego el exportavoz de Sumar pidió continuarlos por Telegram, porque en esa plataforma “los mensajes se destruían automáticamente”.
La última denunciante, cuya identidad no ha sido revelada, señaló que el primer encuentro con el político fue en septiembre de 2021, el mismo mes en el que Mouliaá habría sufrido la agresión sexual.

En ambos casos, los hechos comenzaron en una fiesta en la que hubo consumo de alcohol en exceso y Errejón las llevó a un lugar apartado. De acuerdo con la reciente acusación, fueron al baño del local e “insistió en que la denunciante le practicara una felación”. “En un contexto de presión, consumo de alcohol y cocaína —sustancia que ambos esnifaron—, la denunciante accedió de manera renuente”, detalla el documento legal.
Por su parte, Mouliaá afirmó que fue llevada del brazo a una habitación, donde “comenzó a besarla y a tocarla por distintas partes de su cuerpo” sin su consentimiento.
Otro punto coincidente es que Errejón insistió en ir a su departamento y ambas terminaron accediendo.
Control compulsivo
En la denuncia presentada este martes ante los Juzgados de Plaza de Castilla, en Madrid, además de las agresiones sexuales también se revela un comportamiento “controlador y celoso” por parte del exdiputado, que indagaba permanentemente sobre las relaciones sociales de la actriz, lo que generaba “situaciones de tensión y reproche”.
“Le pedía su ubicación en tiempo real, le controlaba su forma de vestir e incluso como llevaba las uñas pintadas […] La actitud del denunciado, caracterizada por comportamientos que podían interpretarse como controladores, celosos o posesivos, llevó a la compareciente a entender que se trataba de un rol sexual”, se expresa en el texto.