Cuando el ajetreo de la Ciudad de México gira en algo más que los quehaceres de la vida cotidiana, se respira otro ambiente. Así como este sábado 28 de marzo, cuando faltan menos de 100 días parta que México, en colaboración con Estados Unidos y Canadá se conviertan en los anfitriones de uno de los eventos deportivos más grandes del mundo.
En la calle se veían parejas, familias y amigos portando sus playeras verdes con detalles blancos y rojos. Muchos en Metro y otros por su propia cuenta se transportaban por las arterias de la capital ya fuera a sus casas o al emblemático Estadio Azteca que pasó a ser el Estadio Banorte con un encuentro reinauguiral en el que la Selección Mexicana se enfrentaría a Portugal en la cancha.
La Ciudad de México ya palpita al ritmo del balón. En la Plaza de la Constitución, conocida como el Zócalo, la Jefa de Gobierno, Clara Brugada Molina, compartió emociones con más de 10 mil asistentes durante el primer festival futbolero previo al Mundial 2026, donde el partido del Banorte se transmitió en una pantalla gigante.
Entre gritos, aplausos y la ola que recorrió la plancha, Brugada Molina destacó la energía que inundará la capital durante la inauguración oficial, asegurando que estará junto a la población y acompañando a la presidenta de la República, Claudia Sheinbaum Pardo.
“Es nuestro primer festival; el otro, durante el Mundial, va a tener mucho más ambiente, pero me parece espectacular esta pantalla tremenda. La población va a vivir el Mundial en convivencia”, expresó la mandataria capitalina, mientras repartía balones junto a la mascota mundialista de la CDMX y disfrutaba del mosaico verde de camisetas, banderas y rostros pintados que cubría la plancha del Zócalo. La emoción de los asistentes era palpable: música, baile y porras llenaban el aire, recordando que el fútbol se vive mucho más allá del estadio y la televisión.
El encuentro en el también llamado Estadio Ciudad de México, reinaugurado para la ocasión, sirvió como ensayo operativo. Brugada Molina destacó que la coordinación entre dependencias funcionó con éxito, desde el control de movilidad hasta la seguridad y la logística del transporte público.
“Un ensayo que lo veo muy positivamente, que salió bien, y puedo decir que la ciudad está lista y preparada para recibir el Mundial”, afirmó. El despliegue incluyó transporte extendido, entradas ordenadas y atención a personas con movilidad limitada, garantizando que cada aficionado pudiera llegar y salir sin contratiempos.
Más allá de la organización moderna, el país revive la memoria de sus Mundiales anteriores, que marcaron generaciones. En 1970, el entonces Estadio Azteca abrió sus puertas con un desfile de banderas, la llegada del presidente Gustavo Díaz Ordaz y la voz de Melquiades Sánchez Orozco, quien narró los primeros partidos. La Selección Mexicana empató con la URSS, pero su paso hasta los cuartos de final hizo vibrar a la nación.
Quince años después, en 1986, tras el devastador terremoto de septiembre, el Mundial fue un respiro colectivo: familias enteras se reunían alrededor de una sola televisión, celebrando goles con porras y música, mientras la ciudad se vaciaba para vivir el fútbol en la calle.
Hoy, cuando el tiempo se disipa hacia 11 de junio de 2026, cuando México albergará la inauguración de la Copa del Mundo por tercera vez en la historia, la capital se prepara para un evento sin precedentes. La expectativa no solo recae en los partidos, sino en la oportunidad de revivir la magia que une a generaciones y que convierte al país en escenario de celebración, cultura y pasión futbolera.
El primer festival futbolero en el Zócalo reunió a más de 10 mil asistentes que disfrutaron de música, baile y porras mientras veían el partido México vs. Portugal. Foto: Jesús F. Beltrán
Pero México va más allá de la palaciega Ciudad de México, pues cada estado también se prepara con eventos enfocados al Mundial 2026, aprovechándose de la tan reconocida hospitalidad de las y los mexicanos.
Este año, en colaboración con los países de Norteamérica se espera que el Mundial de fútbol tenga ese toque mexicano que siempre se lleva, incluso fuera del país en eventos como las olimpiadas en donde se veía a grupos de connacionales que llevaban la fineta al grado de hacer bailar a los extranjeros el reconocido Payaso de rodeo.
Así es el humor del mexicano, como el sabor de una salsa que no puede hacer falta en unos tacos y que, al ser parte de los anfitriones, da vida a una expectativa en la que el encuentro deportivo sea también una fiesta que va más allá de las fronteras.
Un mundial que, sin duda, ha de tener sabor a tamales, enchiladas y micheladas; con el cálido abrazo del sol en una playa del Caribe; la hermosa vistosidad de un bosque de mariposas monarcas, y, seguramente, sonando al ritmo de aquella melodía que dice: “canta y no llores”.
Desde el Zócalo hasta el Estadio Ciudad de México, los preparativos avanzan, las calles se llenan de color y la población espera ansiosa: los Guerreros Aztecas y todo México están listos para recibir al mundo. La cita está cerca, y la pasión que hizo vibrar a México en 1970 y 1986 promete encender nuevamente cada rincón del país.
Tomado de infobae