Alrededor de los esteroides anabólicos androgénicos (EAA), sustancias sintéticas que se usan para aumentar la masa muscular o mejorar el rendimiento atlético, se han tejido numerosos mitos y rumores. Uno de estos, y que preocupa principalmente a la población masculina, es su impacto en la función sexual, a menudo considerado un tema tabú.
Estos fármacos, que imitan los efectos de la hormona masculina testosterona, son especialmente populares entre culturistas de élite y, cada vez más, entre aficionados al gimnasio. Algunas personas los consumen regularmente para mejorar su rendimiento y desarrollar su físico y otros “porque no se consideran lo suficientemente grandes o fuertes”, señala el Servicio Nacional de Salud (NHS) del Reino Unido.
Sin embargo, estudios realizados en años pasados sugieren que los EAA plantean más peligros que beneficios. Si bien su consumo produce un aumento significativo de la masa muscular y reduce el tiempo de recuperación, lo que permite entrenar con mayor intensidad durante más tiempo, su consumo prolongado está acompañado de una serie de efectos secundarios no deseados, entre ellos, disfunción eréctil (DE); un asunto que “no se reporta ni se discute con frecuencia y, por lo tanto, sigue siendo un problema de salud poco estudiado”, según una investigación publicada en el 2023 en la revista International Journal of Drug Policy.
La Facultad de Medicina de la Universidad Johns Hopkins de Baltimore (EEUU) subraya que la DE puede estar supeditada a anomalías hormonales, e inducida, entre otros, por el “abuso de esteroides por parte de los culturistas”.
“Los esteroides anabólicos, ampliamente utilizados para el crecimiento muscular, pueden provocar disfunción eréctil en los hombres, cuya gravedad depende de la dosis, la duración, las condiciones de salud preexistentes y el bienestar general”, afirma el instructor de ‘fitness’ y nutrición, Varnit Yadav, citado por el portal de salud y bienestar Onlymyhealth.
Desequilibrio hormonal
Como hormona neuroendocrina, la testosterona forma parte del eje hipotálamo-hipofisario-gonadal (HPG), que se regula según los niveles circulantes de testosterona. Por lo tanto, cuanto mayores estos sean, menor será la actividad del eje, lo que en última instancia conduce al cese de la producción de testosterona endógena.
Esto desemboca en un “desequilibrio hormonal”. Al consumir esteroides, el cuerpo detecta un exceso de testosterona y, en respuesta, disminuye o deja de producirla de forma natural, y sin ella, “resulta más difícil conseguir o mantener una erección”, explica Onlymyhealth.
Por otro lado, niveles excesivamente altos de testosterona también pueden afectar al rendimiento sexual —además de la producción de esperma y la calidad de la eyaculación— “si se mantienen a largo plazo sin un control adecuado”, dice el farmaceuta Andy Boysan.
Tratamiento
A pesar de la creciente evidencia de los efectos adversos del abuso de EAA en la sexualidad masculina, se ha prestado menos atención a las posibles estrategias de tratamiento. “La mayoría de los usuarios se enfrentan a desequilibrios hormonales, en particular a la supresión de la producción de testosterona, lo que a menudo requiere una terapia posciclo (PCT) para restablecer los niveles”, comenta Yadav.
Se trata de un tratamiento que ayuda al cuerpo a reiniciar la producción natural de testosterona, acelerando la recuperación de la funcionalidad del eje HPG, proceso que puede llevar tiempo y no siempre es totalmente eficaz.