Aunque el alcohol sigue siendo la causa más conocida de daño hepático, algunos hábitos cotidianos aparentemente inofensivos —como la alimentación moderna y ciertos productos presentados como saludables— también están contribuyendo al aumento de los problemas de hígado sin que muchas personas lo noten, advirte el médico británico Gareth Morris-Stiff en un reciente artículo publicado en The Telegraph.
Alimentos ultraprocesados
El consumo frecuente de estos productos, sobre todo carnes procesadas y comida rápida, podría favorecer la acumulación de grasa en el hígado. Esto se debe a los conservantes, emulsionantes y edulcorantes que contienen estos alimentos, que este órgano no procesa bien. Según Morris-Stiff, conviene evitar especialmente los aceites vegetales hidrogenados, el jarabe de fructosa y las proteínas hidrolizadas.
Refrescos dietéticos
Aunque suelen parecer una opción saludable, los refrescos sin azúcar contienen edulcorantes artificiales que pueden alterar el metabolismo y favorecer la inflamación hepática y la acumulación de grasa. Morris-Stiff recomienda evitarlos y, si se toma refresco, dejar la versión normal solo para momentos ocasionales.
Exceso de azúcar y fructosa
El consumo elevado de azúcar, especialmente fructosa de bebidas y productos procesados, puede someter al hígado a un gran esfuerzo, lo que desencadena una inflamación. Esto se debe a que la fructosa se procesa principalmente en este órgano. El médico británico aconseja no superar los 30 gramos diarios de azúcar y evita los alimentos procesados con jarabe de maíz o aquellos que dicen no tener azúcar añadido.
Suplementos saludables y remedios herbales
Muchos productos naturales anunciados como saludables y suplementos pueden ser tóxicos para el hígado. Por ejemplo, Morris-Stiff menciona que la vitamina A, el cannabidiol, el ginseng indio y el diente de león no benefician al hígado. Incluso el cardo mariano, a menudo usado como ‘tónico hepático’, podría resultar perjudicial.
Menopausia y cambios hormonales
La caída de los estrógenos durante la menopausia puede aumentar el riesgo de hígado graso en las mujeres. Según Morris-Stiff, lo más preocupante es que, si ya se padece esta afección al llegar a esa etapa, la enfermedad puede avanzar más rápido y elevar de forma significativa el riesgo de cirrosis y cáncer.
Otros factores cotidianos
El moho en el hogar, los alimentos producidos con pesticidas o antibióticos y los microplásticos también podrían aumentar el riesgo de enfermedades hepáticas. En el caso del moho doméstico, el médico británico explica que al inhalar sus esporas no solo se afectan los pulmones: estas también pueden llegar al torrente sanguíneo y al hígado, donde causan toxicidad e inflamación. Aunque no ocurre en todos los casos, sí puede ser un problema si el sistema inmunitario está debilitado.