Una mujer se emborrachaba a pesar de no beber: ¿cómo era posible?

Una mujer de 50 años llegó a acudir a un servicio de urgencias médicas siete veces en un período de dos años, siempre con signos de intoxicación etílica, sin que los médicos le creyeran que no había estado bebiendo. Así lo reveló un estudio publicado el lunes en Canadian Medical Association Journal por Rahel Zewude, especialista en enfermedades infecciosas de la Universidad de Toronto, Canadá.

Tiempo atrás, la paciente podía tomar una copa de vino en una fiesta, pero en los últimos años había dejado de consumir alcohol por completo debido a sus creencias religiosas. Como se reveló más adelante, la mujer padece una extraña patología, conocida como síndrome de la autocervecería, que entre otras cosas le hace sufrir somnolencia excesiva, al punto de quedarse intempestivamente dormida mientras se arregla para ir a trabajar o prepara la comida. 

Es una enfermedad extremadamente rara, en la que bacterias y hongos del tracto gastrointestinal transforman en etanol los hidratos de carbono de los alimentos cotidianos.

En su primera visita a urgencias le detectaron un elevado nivel de alcohol en sangre, 39 milimol por litro, cuando lo normal deberían ser menos de dos milimol por litro. En su séptima visita, la paciente presentó dificultad para hablar, olor a alcohol en el aliento y un nivel de etanol de 62 milimol por litro. 

Finalmente, acudió a una clínica de enfermedades infecciosas en Toronto, donde le recetaron Lactobacillus acidophilus, un probiótico utilizado para reponer la microbiota intestinal. Y resultó ser la decisión correcta. Durante los cinco años anteriores había sufrido frecuentes infecciones urinarias que requerían tratamientos con antibióticos, que, como se sabe, provocan la destrucción de la necesaria microflora intestinal y favorecen la propagación de bacterias patógenas que pueden desencadenar tales afecciones.

Como entidad diagnóstica, el síndrome de la autocervecería fue descrito por primera vez en 1952 en Japón, donde la condición se conoce como ‘meitei-sho’, o síndrome de autointoxicación por alcohol. Sin embargo, el primer caso ya había sido registrado en 1946 en África, cuando el estómago de un niño de cinco años, que olía a alcohol, se perforó sin causa aparente. En 2020, una revisión sistemática identificó 20 pacientes reportados en la literatura médica inglesa desde 1974. En resumidas cuentas, se trata de una afección bastante rara, ya que deben coincidir una serie de factores para que se desarrolle.

Dos hongos suelen estar implicados en la destrucción de la flora intestinal normal en las personas que sufren dicho síndrome: el Saccharomyces cerevisiae y el Candida. Este último, en particular, se encuentra también en la flora microbiana normal de las personas, principalmente en el tracto gastrointestinal, la mucosa orofaríngea y la mucosa genital femenina, pero el sistema inmunitario los mantiene por lo general bajo control. Sin embargo, ante ciertas enfermedades o en caso de tomar antibióticos, pueden multiplicarse y causar una infección.