La medicina de precisión acaba de registrar uno de sus hitos más notables con la publicación de un estudio internacional que logró restaurar la audición en la mayoría de los pacientes con sordera genética congénita.
El trabajo, publicado en la revista Nature, documenta el resultado de una terapia génica experimental que permitió que personas nacidas sordas por una mutación en el gen OTOF recuperaran la capacidad de oír de forma sostenida y segura, tras una única intervención.
El avance, alcanzado por equipos de China y Estados Unidos, representa el mayor y más prolongado ensayo realizado hasta el momento para tratar la sordera hereditaria con terapia génica.
Las mutaciones genéticas explican hasta el 60% de los casos de pérdida auditiva presentes al nacer. Dentro de este grupo, la sordera autosómica recesiva tipo 9 (DFNB9) es causada por errores en el gen OTOF, que impiden la producción de la proteína otoferlina, fundamental para que las células ciliadas del oído interno transformen el sonido en señales para el cerebro.
“La sordera autosómica recesiva 9, causada por mutaciones del gen OTOF, se caracteriza por sordera congénita grave a completa. Aunque la terapia génica ha mostrado beneficios en un pequeño número de pacientes, su seguridad y eficacia en rangos de edad más amplios y períodos de seguimiento más largos, así como los predictores de los resultados del tratamiento, siguen sin estar claros”, explicaron los científicos a la hora de comenzar sus investigaciones.
El nuevo estudio se destaca tanto por la cantidad de pacientes como por la diversidad de edades y el seguimiento clínico a largo plazo. El ensayo, realizado en ocho centros de China y con participación de investigadores del Mass General Brigham y el Hospital Eye & ENT de la Universidad de Fudan, incluyó 42 personas de entre 0,8 y 32,3 años. Todos padecían sordera total desde el nacimiento debido a mutaciones en el gen OTOF.
El tratamiento consistió en una única inyección en el oído interno, con un virus adenoasociado que transportaba una versión sana del gen. “La idea es introducir en el oído lo que falta para que las células dispongan de esta proteína, puedan funcionar y convertir el sonido en la señal que nos permita oír”, explica Zheng-Yi Chen, autora principal del estudio.
El virus utilizado actuó como un “vehículo” para introducir el gen, dividido en partes para poder ser transportado. Una vez en las células del oído interno, permitió que las células ciliadas volvieran a producir otoferlina y, con ello, a transmitir señales auditivas al cerebro. “Los niños con esta mutación nacerán sin audición. Son completamente sordos. No pueden oír nada. Podría haber una explosión cerca de su oído y no sentirían nada”, señala Chen.
El criterio de valoración principal del ensayo fue la seguridad. Los investigadores no detectaron efectos secundarios graves relacionados con el tratamiento. “No se observaron toxicidades limitantes de la dosis. Los eventos adversos de grado 3 incluyeron disminución del recuento de neutrófilos”, detallaron los expertos.
El segundo objetivo fue determinar la eficacia: “La audición se recuperó en el 90% de los participantes tratados con AAV1-hOTOF, con una mejora gradual y estable en el umbral de respuesta auditiva del tronco encefálico y la audiometría conductual mejoró también. Los participantes de 0,5 a 18 años mostraron una mayor mejora auditiva que los adultos”, describieron los expertos.
Tomado de infobae