Vietnam-Nicaragua: Dos héroes frente a frente

(Prensa Latina).- Finalizada la VI cumbre de jefes de Estado del Movimiento de Países No Alineados en esta capital, en septiembre de 1979, el entonces primer ministro del heroico gobierno de Vietnam, Pham Van Dong, decidió a pesar de contratiempos continuar con el itinerario previamente establecido, de visitar la también Nicaragua recién liberada.

Los oportunos y colegiados logros de la magna reunión, efectuada del 3 al 9 de septiembre de 1979, fueron opacados de cierta manera tras la clausura por un huracán que azotó intempestivamente la capital cubana, el cual produjo infinidad de inundaciones y trastornos en la zona del Laguito de Miramar donde se alojaba la mayoría de los jefes de Estado y de Gobierno.

Esa área resultó totalmente inundada y obligó a desplazar tanques anfibios para trasladar y reubicar en lugares seguros a los mandatarios que en las casas de protocolo allí se hospedaban dando un final dantesco, desacostumbrado y poco feliz al destacado encuentro.

El general Pham Van Dong fue uno de los flamantes gladiadores de la aplastante derrota sufrida por las tropas del gobierno gringo en Vietnam en 1975, uno de los héroes de Dien Bien Phu, que lo colocó definitivamente en la historia mundial.

Nicaragua exhibía una alegría desbordante al estar recién liberada de una feroz dictadura que apoyaba el imperio, y obtuvo el triunfo en julio de 1979 mediante la lucha armada, constituyendo la segunda, después de la cubana, de hacerlo mediante esa vía a nivel continental.

Pero las autoridades sandinistas y sus principales dirigentes no estaban ubicados en Managua para recibir al héroe vietnamita, puesto que habían quedados atrapados en la debacle acontecida en La Habana.

El comandante Daniel Ortega, quien ya se desempeñaba al frente de la Junta de Gobierno de Nicaragua, y sus principales integrantes, decidieron desde La Habana que el comandante guerrillero Walter Ferreti Fonseca (Chombo), jefe de la incipiente Seguridad del Estado y de la Contrainteligencia en ese país, fuera el anfitrión.

Con ello, indirectamente y de inmediato a la pronta solicitud, nosotros que ya nos desempeñábamos como sus asesores, también nos movilizamos.

Incidente significativo

El primer incidente significativo aconteció al arribo del heroico vietcong al aeropuerto internacional Augusto Cesar Sandino, de Managua.

El avión de Cubana de Aviación, un portentoso IL-62 que lo transportaba, tocó pista y las autoridades aeroportuarias, desconocedoras de que ese tipo de avión no portaba su propia escalerilla para descender pasajeros, no movieron a tiempo ninguna de las portátiles allí estacionadas.

Alertado Chombito, con un peculiar estilo dinámico y operativo, se dispuso sin atender a su jerarquía, junto a los escoltas y trabajadores de la pista, a empujar a viva fuerza física una de las escaleras móviles de la empresa Pan American.

De esta forma lograron arrimarla al sitio de salida de la inmensa nave que ya había apagado sus motores y desde donde el visitante saludaba sonriente en la descorrida puerta de acceso.

Surgió entonces un adicional contratiempo: la escalera no poseía la altura suficiente para llegar al mismo nivel que necesitaba la puerta de salida de la aeronave y ahí mismo el joven guerrillero nicaragüense impuso también su estilo desenfadado.

Solicitó a escoltas vietnamitas y cubanos que lo trasladaron desde La Habana, lo sujetaran alzándolo desde las axilas para acercarlo y vencer el metro que los separaba.

Cuando todos pensaban que lo peor ya había acontecido, ocurrió otro percance de distinta categoría pero igualmente desafiante, y volvió a poner a prueba la iniciativa y pragmatismo del recién estrenado anfitrión, de marcada juventud y rostro casi adolescente, lo cual contrastaba con el primer ministro y su comitiva, e incluso con los acompañantes cubanos escoltas, casi todos cuarentones.

Sorpresa en la recepción oficial

Tarde en la noche del mismo día de la llegada, se desarrollaba la recepción oficial de bienvenida al distinguido visitante de la mejor manera posible por el personal de protocolo de un Ministerio de Relaciones Exteriores Nicaragüense recién constituido.

Intentaban terminar de instalarlo todo a prisa, bajo el minucioso escrutinio personal del Comandante Guerrillero, quien en otros escenarios en épocas de combate desde las montañas de Estelí y Matagalpa así acostumbraba a controlar para con el armamento y las municiones.

Hubo que avisarle casi a gritos y viva voz a Chombito que el héroe de Dien Bien Phu y de la estampida yanqui en Hanoi, el primer ministro y general de mil batallas que todos orgullosamente recibían con cálidos reconocimientos y admiración, acababa de descender del auto y se dirigía a la puerta principal de la entidad.

Como máxima figura allí presente del recién constituido gobierno revolucionario nica, a Chombito le correspondía recibirlo y estrecharle la mano.

Estaba jadeante el también héroe del asalto al Congreso del dictador Somoza, por lo cual le decían el Comandante Tres, y del repliegue táctico a Masaya, jefe de los guerrilleros de la columna Oscar Pérez Casar y después del triunfo en las tropas élites de las Fuerzas Especiales y de la Policía Sandinista, quien logró instalarse a tiempo.

Cuál no sería la nueva escabrosa situación a sortear cuando el otro heroico, sin tan siquiera extenderle la mano, lo abrazó fuertemente atrayéndolo y apretándolo contra su enflaquecido pecho para espetarle en un susurro: Dígame, comandante, ¿cuántos asesinos somocistas ajusticiaste?

Chombito se desconcertó y nos pidió que a través del traductor le repitieran la pregunta, pero su hiperquinetismo no dio tiempo y en un fluido idioma inglés -adquirido desde su época de exilio en San Francisco de California-, pretendió él mismo reclamar dicha aclaración.

Dije que ¿cuántos asesinos somocistas ajusticiaste?, repitió subiendo el tono Pham Van Dong, evidentemente actuando evaluativo y salvando lógicas diferencias, como viejo jefe guerrillero para con otro de similar estirpe aunque de juvenil generación.

Entonces el también héroe de ejecuciones y atentados a tantos esbirros somocistas, nos visualizó a manera de inquirirnos solicitando ayuda que no esperó y en tono coloquial y muy humilde como acostumbraba actuar, solo atinó a expresar: Algunos, mi general, no llevé la cuenta…

Entonces el estrechón de abrazo compungido y hasta estrepitoso del visitante fue más fuerte y se hizo sentir tal cual de padre a hijo.

El resto de la jornada de visitas del homenajeado transcurrió con la incorporación de los principales dirigentes del país, entre ellos, el presidente, comandante Daniel Ortega, facilitando el devenir de los continuos días de la trascendental concurrencia.

Sin embargo, en la despedida del aeropuerto y al percatarse el agudo visitante que ya Chombo no estaba en la primera fila de la loza, sino en la segunda, lo buscó y se desplazó hacia él rompiendo todo protocolo, lo volvió a estrechar y en alta voz mediante intérprete le expresó:

Muy buena tu respuesta, la humildad del tío Ho, así nos los inculcó…

De esa manera simple y didáctica, sin concebidos, fueron dos héroes frente a frente, cierto que con diferentes vivencias, edades y escenarios, pero aún muy lejos de proponérselo, sentaron umbrales de conducta revolucionaria.