Una ‘gurú del bienestar’ vinculada a una secta sexual centrada en el orgasmo fue condenada a nueve años de prisión por obligar a sus seguidores a realizar actos sexuales y trabajar sin remuneración, en lo que un juez federal calificó como “explotación flagrante disfrazada de empoderamiento”, según informa el Daily Mail.
La sentencia fue dictada contra Nicole Daedone, de 58 años, fundadora de la organización OneTaste, tras ser hallada culpable de conspiración para el trabajo forzoso. Un tribunal federal de Brooklyn determinó que las prácticas se extendieron durante un largo período y constituyeron un caso de “explotación humana a largo plazo”. Aunque la Fiscalía había solicitado una pena de hasta 20 años de prisión, Daedone, que se había declarado inocente, fue finalmente condenada por los cargos presentados.

Además de la pena de prisión, Daedone deberá cumplir dos años de libertad condicional supervisada y pagar 887.000 dólares en concepto de indemnización a siete víctimas. Según la Fiscalía, directivos de la organización OneTaste obligaban a miembros convertidos en empleados a trabajar sin recibir el pago prometido e incluso los presionaban para solicitar nuevas tarjetas de crédito y continuar asistiendo a los cursos.
“Daños duraderos e irreparables”
Su cómplice, Rachel Cherwitz, de 45 años, fue condenada a seis años y medio de prisión por el mismo cargo. Durante el juicio, nueve exempleados testificaron que ambas dirigían la empresa como una secta, manipulando a los integrantes para que realizaran actos sexuales.
Ambas les decían a sus seguidores que todos estos actos eran necesarios para obtener la “libertad” y la “iluminación”, y como parte de su compromiso con la organización.
La jueza Diane Gujarati calificó los delitos como “muy graves” y afirmó que las acusadas coaccionaron a las víctimas mediante distintos métodos. “Las pruebas presentadas en el juicio demostraron que se trató de actos deliberados y perjudiciales, y que hubo trabajo forzoso”, señaló, añadiendo que las víctimas sufrieron “daños duraderos, si no irreparables”, en un caso que describió como de “explotación disfrazada de empoderamiento”.