Por: Leandro Fierro /. La política intervencionista que Estados Unidos ha intensificado en los últimos años, particularmente en América Latina, ha comenzado a recibir cuestionamientos incluso desde sectores mediáticos y académicos que durante décadas reprodujeron sin reservas la narrativa oficial de Washington.
La política exterior de Estados Unidos hacia América Latina continúa generando cuestionamientos en sectores políticos, académicos y mediáticos que consideran que Washington mantiene mecanismos de presión económica, diplomática y militar para preservar su influencia en la región.
Diversos analistas sostienen que, más allá del discurso oficial sobre democracia y seguridad, la estrategia estadounidense responde también a intereses geopolíticos vinculados al acceso a recursos estratégicos, particularmente los energéticos.
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Kinzer recuerda que, a lo largo de la historia de las intervenciones estadounidenses en América Latina, existen pocos ejemplos en los que Washington haya contribuido al establecimiento de auténticas democracias. Por el contrario, numerosos episodios demuestran que Estados Unidos ha respaldado gobiernos cuya principal característica ha sido la de garantizar condiciones favorables a sus intereses económicos y corporativos.
Desde esta perspectiva, Estados Unidos ha respaldado gobiernos alineados con sus prioridades estratégicas, mientras mantiene relaciones conflictivas con países que impulsan modelos políticos y económicos alejados de su esfera de influencia, como Cuba, Venezuela y Nicaragua

Según el periodista, la noción de libertad promovida históricamente por Washington ha estado estrechamente vinculada a la libertad de los negocios y a la expansión de las grandes corporaciones estadounidenses. Los países que garantizan esas condiciones suelen ser considerados aliados confiables; aquellos que defienden modelos soberanos de desarrollo como Cuba y Nicaragua terminan enfrentando presiones, sanciones o campañas de desestabilización.
Miami: capital del intervencionismo
En los últimos años, Miami se ha consolidado como un espacio de encuentro para conferencias políticas y de seguridad vinculadas a la agenda hemisférica de Estados Unidos. En esos foros participan funcionarios, militares y representantes de gobiernos aliados para discutir estrategias regionales en materia de seguridad, migración, crimen organizado y cooperación militar.
Uno de esos encuentros fue la denominada “Cumbre Escudo de las Américas”, promovida durante la administración de Donald Trump con el objetivo de reforzar alianzas políticas y estratégicas en el continente.
También destacan reuniones impulsadas por el Pentágono y el Comando Sur, entre ellas la “Conferencia de Jefes de Defensa del Hemisferio Occidental” y la “Conferencia de las Américas contra los Cárteles”, centradas en cooperación militar e intercambio de inteligencia para enfrentar organizaciones criminales transnacionales.

Para sectores críticos de la política exterior estadounidense, estas iniciativas reflejan una continuidad de la histórica visión geopolítica de Washington sobre América Latina como área prioritaria de influencia. También observan, que este tipo de encuentros responde a una visión que da vida a los postulados históricos de la Doctrina Monroe, según la cual América Latina continúa siendo considerada un espacio estratégico sujeto a la tutela de Washington.
Venezuela y el petróleo
El caso venezolano suele ocupar un lugar central en este debate. Analistas y críticos de la política estadounidense consideran que las tensiones entre Washington y Caracas no pueden entenderse al margen de las enormes reservas petroleras del país sudamericano.
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Desde esa óptica, las sanciones económicas, las acusaciones vinculadas al narcotráfico y el aislamiento diplomático contra el gobierno de Nicolás Maduro forman parte de una estrategia de presión política orientada a debilitar al Estado venezolano.

Otros sectores, sin embargo, sostienen que las medidas estadounidenses responden a denuncias sobre violaciones a los derechos humanos, deterioro institucional y restricciones democráticas en Venezuela.
Más allá de las distintas interpretaciones, el peso estratégico del petróleo venezolano continúa siendo un elemento central en la relación entre ambos países.
Cuba, Nicaragua y la soberanía

Cuba y Nicaragua mantienen relaciones tensas con Estados Unidos debido a sus posiciones políticas y a sus críticas históricas a la influencia estadounidense en la región.
En el caso cubano, el embargo económico impuesto hace más de seis décadas continúa siendo cuestionado por numerosos países y organismos internacionales, que consideran que sus efectos recaen principalmente sobre la población civil.
Frente a este escenario, La Habana ha fortalecido vínculos económicos y políticos con países como China, Rusia y Venezuela, en busca de alternativas comerciales y financieras.

Una discusión abierta
El debate sobre el papel de Estados Unidos en América Latina sigue abierto. Mientras Washington defiende sus políticas como parte de una estrategia de seguridad, estabilidad y defensa de la democracia, sus críticos consideran que persiste una lógica de intervención orientada a preservar influencia política y acceso a recursos estratégicos.
Las tensiones entre soberanía nacional, intereses geopolíticos y seguridad hemisférica continúan marcando la relación entre Estados Unidos y América Latina, en una discusión que atraviesa buena parte de la historia contemporánea de la región.