Adiós al peso-centrismo: ¿por qué no sólo los kilos de una persona determinan su buena salud?

Adiós al peso-centrismo: ¿por qué no sólo los kilos de una persona determinan su buena salud?

La idea de que una persona que se encuentra por encima de su peso no está sana, mientras que una contextura delgada es sinónimo de buena salud está siendo puesta en debate por la comunidad médica de todo el mundo.

Es que más allá del índice de masa corporal (IMC), parámetro históricamente tenido en cuenta para diagnosticar a la obesidad, hoy los especialistas miran de cerca otras variables, sabiendo que “el peso, de manera aislada, ha dejado de ser el único indicador de salud”, según comenzó a explicar a explicar la presidenta de la Sociedad Española de Dietética y Nutrición (SEDYN) y médica de la Unidad de Obesidad del Hospital Clínic Barcelona Violeta Moizé.

Es importante conocer la composición corporal, es decir, el porcentaje de grasa y músculo del cuerpo, ya que, por ejemplo, una persona puede tener un peso elevado a expensas de su tejido muscular y eso es saludable -insistió la experta-. El problema, y de hecho lo que define la obesidad, es la cantidad de tejido graso del cuerpo. Y no sólo el porcentaje de grasa, sino además su distribución”.

Así, planteado, bien podría deducirse que sólo lo que pesa una persona no determina su buena salud.

Hoy en día como profesionales de la salud, vemos que los pacientes muchas veces se adaptan a una dieta estricta, pero no logran trabajar en técnicas para disminuir el estrés y, en consecuencia, tener un mejor descanso -señaló el especialista-. En forma conjunta o independiente, los altos niveles de estrés que se reflejan en hormonas como el cortisol, la adrenalina, la noradrenalina impactan negativamente en el sistema nervioso de las personas y en su calidad de vida”.

La paradoja del IMC

En este punto, Aguirre Ackermann insistió en que “el IMC no necesariamente indica exceso de adiposidad, por ejemplo Mike Tyson tiene un IMC de 35 kg/m2 porque tiene mucha masa muscular”, al tiempo que destacó que “la asociación entre el IMC y el riesgo de enfermedades como diabetes tipo 2, o mortalidad, varía según etnia, edad, y sexo”.

“El IMC no provee información de la función de los tejidos u órganos del cuerpo”, remarcó, para luego hacer referencia a un estudio publicado en la revista The Lancet, según el que “la noción de que la obesidad es una enfermedad y no un mero factor de riesgo de otras enfermedades sigue siendo muy controvertida, sobre todo fuera de los círculos médicos”.

Para la especialista, “este debate afecta seriamente a la utilización de estrategias terapéuticas para mejorar la salud de las personas con obesidad”.

Para resolver esta controversia, un documento próximo a publicarse y cuyas bases fueron presentadas en el Congreso de la Federación Internacional de Cirugía de la Obesidad y Trastornos Metabólicos (IFSO) 2023 recientemente desarrollado en Nápoles, y del que Aguirre Ackermann fue parte, plantea identificar criterios clínicos y biológicos para el diagnóstico de la obesidad clínica.

“La Comisión de Obesidad Clínica propone una definición de obesidad clínica, que denota una condición en la cual el riesgo de salud asociado con el exceso de adiposidad puede ser objetivamente documentado por signos y síntomas específicos que reflejan alteraciones biológicas de tejidos y órganos, que son consistentes con una enfermedad existente”, resumió la experta a este medio.

Y entre los parámetros que hoy utilizan los médicos para hablar de buena salud, la especialista de la SAN mencionó “el IMC, la circunferencia de cintura/composición corporal (cuya medida se relaciona con riesgo cardiovascular y de diabetes tipo 2), la presión arterial, los niveles de colesterol y triglicéridos (que son claros indicadores de salud cardiovascular), los niveles de glucemia en sangre, además de las funciones renales, hepática, y pulmonar y la adecuada salud ósea”

“La salud mental es tan importante como la salud física, y no siempre se la tiene en cuenta -agregó-. Evaluar la salud mental ayuda a identificar problemas muy frecuentes actualmente y muchas veces infra diagnosticados como la depresión y la ansiedad”.

– ¿Hay un peso ideal para cada persona?

Jakob: No, no hay un peso ideal para cada persona, de hecho la misma persona puede tener pesos en los cuales se sienta cómoda, confortable y muy a gusto en distintos momentos de su vida. No es lo mismo la adolescencia que la juventud, ni tampoco luego, en el caso de las mujeres, de tener hijos o en la menopausia.

En el caso de los hombres, no es lo mismo en la juventud que luego de los 40 o 50 años, cuando el efecto hormonal de la testosterona disminuye. Entonces, lo que se trata de trabajar con cada paciente es que hay un rango de pesos saludable y entonces allí es cuando el paciente tiene que evaluar dentro de ese rango en qué peso se siente más cómodo y a gusto porque también es verdad que cuando uno baja de peso muchas veces la piel se estira, entonces muchas personas prefieren evitar esta instancia.

– Moizé: No sólo no hay un peso ideal, sino que de hecho hablamos de “el mejor peso”. El control del peso corporal no depende exclusivamente de la persona. Hay otras fuerzas superiores, como el sistema nervioso central, que orquestan los componentes del balance energético y el gasto calórico diario.

El hambre, la sensación de saciedad, la ingesta emocional está determinado por la biología de cada uno. Es importante conocer esto para no estigmatizar a la persona con peso elevado, como tampoco a la que tiene bajo peso.

Aguirre Ackermann: Es importante saber que si bien la obesidad es una enfermedad y es importante prevenirla/diagnosticarla/tratarla, un número en la balanza no nos define. Hoy hablamos de tener un cuerpo cómodo y sano, sin obsesiones ni propuestas extremas, sin prohibiciones imposibles de sostener. Tener un peso saludable es parte de una buena salud, pero no somos un número en la balanza.

Más bien la recomendación es centrarnos en una alimentación saludable como la base para una buena salud y calidad de vida, pero erradicando obsesiones por el peso corporal y las dietas con prohibiciones absurdas que generan riesgo, buscando alcanzar un cuerpo “perfecto”.

Tener una buena salud no implica “llegar” a un determinado peso, sino trabajar para mejorar el estilo de vida para lograr tener la menor adiposidad posible, de acuerdo a las características de cada persona. Si una persona es físicamente activa, come saludable y en las porciones adecuadas, se hidrata convenientemente, tiene un descanso reparador y trabaja para afrontar el estrés y las emociones de cada día, está haciendo mucho para tener la mejor adiposidad posible.

El origen del peso como parámetro de salud

Consultada sobre por qué cree que ganó terreno la idea de que alguien por encima de su peso no está sano, mientras que una contextura delgada es sinónimo de buena salud, Moizé analizó que “la idea ha ido cambiando con los años. Antiguamente era al revés, el exceso de peso era sinónimo de opulencia socioeconómica y de salud. Con los años, y el incontrolable aumento de disponibilidad de productos ultraprocesados a bajo coste, la inseguridad alimentaria, el sedentarismo y el estrés han contribuido al aumento de la prevalencia de obesidad y a que, de las diez principales causas de muerte en todo el mundo, siete de ellas se asocien a enfermedades que dependen del estilo de vida”.

“Personas delgadas con acumulo de grasa central (visceral) pueden tener un mayor riesgo para la salud que personas con un peso más elevado, si este es por elevado porcentaje de músculo sin grasa abdominal/ visceral”, reflexionó la especialista.

A su turno, Jakob consideró que “la idea tiene el sesgo de lo superficial o lo superfluo, sobre todo, en un país como Argentina que tiene una gran presión estética sobre las personas”.

“Desde hace muchos años predomina el estereotipo de la persona flaca como sinónimo de sana, cuando no es así porque hay muchas que son delgadas o que tienen un IMC supuestamente acorde, pero tal vez fuman, tienen mucho estrés o hipertensión”, señaló, al tiempo que observó que “por otro lado, hay muchas personas que por cuestiones genéticas o por la cantidad de actividad física que realizan, pese a que no se alimentan de una forma saludable, tienen un peso normal”.

¿Es posible un saludable equilibrio?

En opinión de Aguirre Ackermann, “está demostrado que aprender nuevas estrategias para cambiar comportamientos es la clave para el abordaje de la obesidad. En muchas personas hacer cambios en el estilo de vida es suficiente para lograrlo. En otras, será más efectivo agregar medicación para la obesidad. Y en otras, será más efectivo realizar una cirugía bariátrica”.

“Las personas con sobrepeso/obesidad no eligen tenerla ni son culpables de tenerla. La obesidad es una enfermedad biológica multicausal. Es necesario promover una buena salud, sin estigmatizar, sin juzgar, con empatía, comprensión y acompañamiento de las personas”, destacó.

Y tras destacar que “estos tres principios fundamentales es lo que generalmente está desequilibrado en las personas que tienen problemas con su peso”, el especialista apuntó: “No es fácil, pero todos los días de nuestra vida tenemos que trabajar activamente en poder conservar ese equilibrio”.

“Necesitamos desarrollar programas de educación para la salud, con información de calidad, empoderar a las personas a su autocuidado y, sobre todo, focalizar en prevención e incluir en esos programas no sólo alimentación y deporte sino también salud emocional”, concluyó Moizé.