Por Leandro Fierro /. El próximo 4 de octubre los brasileños acudirán a las urnas para elegir a su presidente, gobernadores y miembros del Congreso en una jornada electoral marcada por la injerencia explícita de Washington a través de su intervencionista y conocida Doctrina Monroe.

Trece candidatos competirán por la Presidencia, aunque la contienda se concentra principalmente entre el actual mandatario, Lula da Silva, y el senador Flávio Bolsonaro. Los analistas coinciden en que más allá de las diferencias entre estos dos candidatos, la elección plantea una discusión de fondo sobre el modelo de desarrollo que seguirá la principal economía de América Latina y su papel en el escenario internacional.

En esta disputa seguida de cerca por Washington, Lula apuesta por continuar profundizando los programas sociales, la inversión pública y el reforzamiento de las alianzas con el Sur Global y el Mundo Multipolar. Bolsonaro, en tanto, ofrece los minerales y tierras raras de su país a cambio del apoyo político de los norteamericanos.

Ante este escenario, Trump recurre a una batería de medidas coercitivas e ilegales para intentar influir en la decisión electoral: impuso un arancel del 25% a productos provenientes de Brasil y retiró la visa a la embajadora del Gobierno de Lula, después de que Brasil se negara a recibir a funcionarios estadounidenses que pretendían «verificar» su sistema electoral.

Trump ha expresado públicamente su apoyo a los Bolsonaro y ha calificado la condena de Jair como “caza de brujas”, postura compartida por el Secretario de Estado Marco Rubio.

No cabe duda entonces que Flávio Bolsonaro está bajo la influencia de Estados Unidos y de Trump personalmente. Flavio busca el respaldo de Washington para aumentar sus posibilidades de victoria. Fue él quien convenció al líder estadounidense de reconocer como terroristas a las organizaciones criminales el Primeiro Comando da Capital (Primer Comando Capital) y al Comando Vermelho (Comando Rojo) que operan en el territorio brasileño.

Esta decisión, según los analistas es un pretexto para que las Fuerzas Armadas de EE.UU planeen ilegalmente operaciones en el territorio sin coordinar sus acciones con Brasilia. Lula ha rechazado enérgicamente esta decisión calificándola como una intromisión que vulnera la soberanía.

El pueblo no se engaña

Pero mientras más presiona Washington, menos rédito político obtiene el candidato de derecha. Para muchos electores, la intromisión de Estados Unidos en los asuntos internos es vista como una amenaza a la soberanía de Brasil, una percepción que podría terminar fortaleciendo la posición de Lula da Silva.

En este sentido, Flavio Bolsonaro enfrenta una situación comprometedora: mientras su hermano Eduardo buscaba en Washington promover sanciones contra Brasil, él se trasladaba a Estados Unidos para solicitar que la presión económica fuera utilizada como mecanismo de influencia de cara a las elecciones.

Y es que Washington apuesta a que en los últimos años, los gobiernos de derecha se han abierto paso en la región: la derecha ha ganado en Argentina, Chile, Ecuador, Colombia y Perú, en tanto Brasil sigue siendo el último bastión de izquierda y el principal obstáculo para la implementación de la Doctrina Monroe, que ha declarado al hemisferio occidental como «zona de intereses vitales» para EE.UU.

Simpatía por Lula: factor determinante

Los expertos consideran que, Lula un líder sindical que goza de la simpatía popular, es una alternativa cada vez más preferible para continuar gobernando el país, una alternativa preferible porque su mandato ha traído crecimiento económico, generación de empleo y reducción de la pobreza, transmitiendo estabilidad y previsibilidad.

Además, porque los electores están aburridos de los escándalos y la inestabilidad política que ofrece la derecha y Lula en cambio transmite estabilidad y previsibilidad. Incluso sus adversarios los reconocen.

En el ámbito internacional, Lula promueve una política exterior independiente, defiende la soberanía nacional y los recursos estratégicos. Fortalece lazos con China (que recibe más del 30% de las exportaciones brasileñas), impulsa la cooperación en los BRICS y avanza en transacciones en monedas locales. Asimismo, ante los aranceles unilaterales, manifiesta su protección al mercado interno, generando respaldo en el sector empresarial.

La corrupción de Bolsonaro

Por el contrario, la imagen de Flávio Bolsonaro ha sufrido un duro golpe tras revelaciones del portal The Intercept Brasil. Mensajes filtrados muestran que el senador solicitó financiamiento millonario al banquero Daniel Vorcaro —condenado por un fraude de más de 1.5 mil millones de dólares al Estado— para producir la película biográfica «Caballo Oscuro». El escándalo Vorcaro ha hundido su campaña entre señalamientos de corrupción.

Las próximas elecciones funcionarán como un referéndum sobre si Brasil se consolida como líder autónomo del Sur Global o se integra al bloque alineado con Washington. De esta decisión dependerá si prevalece la subordinación a la Casa Blanca o el camino hacia una agenda soberana e independiente.

La opinión es que la contienda electoral podría resolverse por un margen muy estrecho. Sin embargo, independientemente de quién resulte vencedor, hay algo que parece más que evidente: Brasil se ha convertido en el principal escenario en torno a la nueva configuración política del hemisferio occidental, en el que Washington ha desplegado importantes recursos para influir en su desenlace.
 
Así que el futuro político de Brasil está en manos de su pueblo. De esta decisión dependerá, en buena medida si se consolida el predominio de la derecha servil a la Casa Blanca en el hemisferio, o si una de las economías más importantes de América Latina y con mayor peso político y económico opta por mantener y profundizar su camino soberano e independiente como lo ha venido haciendo muy bien con Lula.