(Tomando de Sputnik).- Miles de personas acompañan estos días el recorrido de Santo Domingo de Guzmán en Managua. Mientras la celebración avanza entre sones de toros, promesantes y familias enteras, a su alrededor se mueve otra realidad menos visible, compuesta por una extensa red de actividades económicas que conecta producción, comercio, servicios y pequeños negocios.

Lo que ocurre en esta capital no constituye un hecho aislado, sino que forma parte de un calendario de celebraciones que se extiende prácticamente durante todo el año y alcanza a los 153 municipios del país, donde las festividades generan oportunidades para miles de emprendedores y pequeños comerciantes.

Lejos de limitarse al ámbito religioso o cultural, estas expresiones se han convertido en espacios donde convergen identidad, actividad económica y emprendimiento. La venta de alimentos tradicionales, artesanías, flores, vestuario, transporte, hospedaje y múltiples servicios conforma una cadena de valor que se reactiva con cada celebración y sostiene el ingreso de numerosas familias.

En la capital, también se desarrollan hípicas, ferias ganaderas, festivales gastronómicos y celebraciones que mantienen un flujo constante de visitantes y actividad comercial.

“Hay una lógica porque la población se concentra para celebrar las actividades culturales y religiosas y eso es un buen factor de convergencia para que se genere un impulso en la actividad económica global”, afirmó el presidente del Banco Central de Nicaragua, Ovidio Reyes, en declaraciones a Sputnik, durante la apertura de la Feria Ganadera Internacional Managua 2026.

El funcionario sostiene que estas experiencias “no solamente tienen un componente cultural y religioso, sino que también se convierten en espacios productivos que impulsan la economía nacional”.

Un calendario que nunca se detiene

Mientras Managua celebra las festividades de Santo Domingo de Guzmán, León se prepara para la Gritería Chiquita el 14 de agosto, tradición que recuerda la protección atribuida a la Virgen de la Asunción tras la erupción del volcán Cerro Negro en 1947.

Para el investigador cultural Wilmor López, esa continuidad distingue a Nicaragua dentro de Centroamérica. “Nicaragua es el país con más festividades en Centroamérica. Hay fiestas que duran un día, otras varios días y algunas se prolongan durante meses”, explica el experto nicaragüense en declaraciones a Sputnik.

Pero, según el especialista de la nación centroamericana, la importancia de estas celebraciones trasciende su dimensión cultural.

“No solo es la festividad hacia una imagen. También conlleva un enorme mercado de artesanías, gastronomía y comercio porque cada departamento tiene su propia comida y sus propias expresiones culturales”, anotó.

Esa recurrencia crea un efecto muy habitual en Nicaragua: cuando una festividad concluye, otra comienza en algún otro punto del país, encontrando siempre el principal activo de esta industria en la alegre participación de los nicaragüenses, subrayó López.

Una cadena económica

“Nuestro pueblo es fiestero, es servicial y valiente. El nicaragüense por naturaleza es alegre y, en los cuatro costados del país, hay festividades grandes. Lo que pasa es que tenemos que vivirla”, añadió el especialista centroamericano.

Así, el calendario cultural también termina funcionando como un calendario económico que mantiene viva una amplia red de pequeños y grandes negocios de bienes y servicios.

En la Feria Ganadera que se desarrolla en Managua durante las festividades de Santo Domingo, esa lógica también quedó en evidencia. De acuerdo con los organizadores de la muestra, que dura los 10 días que peregrina el santo por la capital, la exposición genera al país divisas por el orden de los 100 millones de dólares.

Andreina Blandón, asesora de ventas de Agrisource, explicó a Sputnik que la empresa utilizó el evento para presentar al mercado una nueva línea de maquinaria agrícola. “Muchas personas esperan la feria igual que esperan el Black Friday (…), nosotros lanzamos verdaderos descuentos durante esos días y la respuesta ha sido muy buena”, comentó.

La empresa ya había participado en ferias similares en Chinandega y prevé extender esa estrategia a otras ciudades conforme avanza el calendario de celebraciones.

Tradición, identidad y oportunidades

Las fiestas tradicionales también generan gastos para quienes participan directamente en ellas. Víctor Jácamo, de 34 años, acompaña desde hace casi un cuarto de siglo las festividades de Santo Domingo como cumplimiento de una promesa familiar.

Todo comenzó cuando un tío fue diagnosticado con cáncer y él, siendo apenas un niño, prometió bailar cada año si lograba recuperarse. Desde entonces mantiene viva esa tradición.

Cada celebración representa además una inversión personal; solo en arreglos florales para la réplica de la imagen que porta durante el recorrido destina alrededor de 150 dólares anuales.

“Lo hago desde que tenía diez años”, dijo Jácamo a Sputnik, mientras le bailaba al santo frente a la parroquia La Merced del barrio Larreynaga de Managua el pasado 4 de agosto, cuando la imagen de “Minguito” recorría los barrios orientales de la capital nicaragüense.

Como él, cientos de promesantes adquieren vestuario, flores, imágenes religiosas y otros artículos que alimentan una cadena económica ligada a las festividades.

Para los especialistas, precisamente esa interacción entre tradición y actividad económica explica parte de la vigencia de estas manifestaciones y de una estrategia del Gobierno nicaragüense de impulsar el emprendedurismo de pequeñas y medianas empresas para fortalecer la economía local.

No se trata únicamente de preservar costumbres heredadas de generación en generación; también constituyen espacios que generan oportunidades para miles de familias que trabajan por cuenta propia y se sostienen sin depender de los grandes capitales de esta nación latinoamericana.