La gran esperanza de Brasil para poner fin a una sequía de 24 años sin títulos en el Mundial no es un delantero letal, un mediocampista creativo ni un extremo regateador como en ediciones anteriores del torneo. Esta vez, los brasileños depositan sus ilusiones en un italiano de 66 años, que estará sentado en el banquillo.
Carlo Ancelotti, uno de los entrenadores más exitosos de su generación, dejó el Real Madrid para hacerse cargo de la selección de Brasil el año pasado, un inusual ejemplo de un técnico extranjero al mando de la Seleção. Aunque sus resultados han sido dispares -cinco victorias, tres derrotas y dos empates-, el país es optimista en que puede potenciar a un plantel que se percibe como menos repleto de estrellas que los icónicos equipos de Brasil del pasado, pese a figuras de alto perfil como Neymar y Vinicius Júnior.
Aunque Brasil ha ganado el Mundial cinco veces, más que cualquier otra selección, no levanta el trofeo desde 2002, una eternidad para una nación obsesionada con el fútbol que produjo a algunos de los jugadores más brillantes de la historia, como Ronaldo, Ronaldinho y Pelé.
Desde 2002, solo ha superado los cuartos de final una vez, como anfitrión del Mundial en 2014, e incluso ese torneo terminó en decepción tras una humillante derrota 7-1 en semifinales ante Alemania, que acabaría siendo campeón.
Tomado de Primera Hora