Este signo del envejecimiento puede acercarnos a la muerte si no se actúa a tiempo

La fragilidad, considerada actualmente uno de los predictores más potentes de hospitalización, discapacidad, mala recuperación tras una enfermedad o cirugía, ingreso en residencias y muerte en la vejez, afecta a millones de adultos en todo el mundo, según un informe de The Conversation.

Una revisión que abarcó a más de 42.000 personas mayores, con un seguimiento promedio de 4 años, demostró que este estado no es permanente, ya que aproximadamente el 14 % de los participantes logró revertir su condición.

Los hallazgos, presentados en entornos clínicos internacionales, indican que la fragilidad —caracterizada por una menor reserva fisiológica para enfrentar infecciones, cambios de medicación o incluso días en cama— puede retrasarse o mejorarse.

Actualmente, en muchos centros de salud para adultos mayores de 65 años, la detección de fragilidad es rutinaria y se centra en tres dimensiones: física, cognitiva y social. El primer método de evaluación identifica un síndrome con debilidad, agotamiento, lentitud al caminar, pérdida de peso involuntaria y baja actividad física; el segundo considera la acumulación de problemas de salud como enfermedades crónicas, deterioro de la movilidad, problemas de memoria, pérdida auditiva o visual, mala nutrición y aislamiento social.

Hábitos que la reducen del 17 % al 6 %

Investigaciones recientes señalan que la fragilidad existe en un espectro que va desde la robustez hasta la fragilidad severa, y las personas pueden transitar en ambas direcciones con el tiempo. Un ensayo irlandés demostró que un programa domiciliario que combinaba ejercicios de fortalecimiento, caminatas regulares y orientación sobre proteínas dietéticas redujo las tasas de fragilidad del 17,7 % al 6,3 % en solo 3 meses.

La recuperación también depende de factores psicosociales. Una investigación con más de 5.000 adultos de 75 años o más encontró que casi un tercio de quienes eran frágiles al inicio mejoraron su estado en 2 años, especialmente aquellos que participaban en actividades sociales basadas en ejercicio, valoraban positivamente su propia salud, confiaban en su comunidad e interactuaban regularmente con vecinos.

Los expertos concluyen que elecciones cotidianas, como cuánto nos movemos, con quién pasamos el tiempo y qué actividades nos brindan propósito, pueden ayudar a envejecer de manera más saludable, y que la fragilidad, aunque sigue siendo un poderoso predictor de la muerte, puede a menudo prevenirse, ralentizarse o mejorar.

Tomada de Actualidad RT