Los cálculos renales son uno de los trastornos urológicos más extendidos del mundo. Un metaanálisis publicado en diciembre de 2025 en PubMed, que analizó más de 1,2 millones de personas en 22 estudios, estimó que la enfermedad afecta al 11% de la población global, con tasas que van del 8% en América del Norte al 22% en África.

Aunque beber poca agua es el factor de riesgo más conocido, la alimentación cotidiana tiene un papel igual de determinante, tanto para provocarlos como para prevenirlos.

Qué los causa

Los cálculos renales se forman cuando ciertos minerales y compuestos en la orina se concentran en exceso y comienzan a cristalizar. El tipo más frecuente es el de oxalato de calcio, que aparece cuando el calcio y el oxalato se unen en los riñones en lugar de ser eliminados. También existen los cálculos de ácido úrico, vinculados al consumo elevado de proteína animal, y los de estruvita, asociados a infecciones urinarias, de acuerdo con una revisión publicada en el American Journal of Kidney Diseases (2023).

Varios hábitos dietéticos elevan el riesgo. El exceso de sodio obliga a los riñones a excretar más calcio en la orina, según documenta un análisis del Journal of Clinical Medicine (2022). “Comer demasiado sodio es uno de los factores dietéticos más subestimados que pueden aumentar el riesgo de cálculos renales”, señala Ashley Kitchens, M.P.H., RD, consultada por Eating Well.

Un consumo bajo de calcio también resulta contraproducente: este mineral ayuda a que el oxalato pase por el organismo sin acumularse. Las dietas altas en proteína animal elevan los niveles de ácido úrico en la orina, según un metaanálisis publicado en Advances in Nutrition (2022). Y el azúcar añadida suma otro riesgo silencioso: una investigación publicada en el World Journal of Urology (2025) indica que una sola gaseosa azucarada por día basta para incrementar ese riesgo.

Los alimentos que protegen

Limones, naranjas y limas encabezan la lista. “Los cítricos se encuentran entre los mejores alimentos para la prevención de cálculos renales porque tienen un alto contenido de citrato, que inhibe la formación de cristales”, explica Kitchens. Una revisión publicada en la revista Nutrients (2021) respalda ese efecto protector del citrato presente en los jugos cítricos.

Pepinos, sandía y cítricos aumentan el volumen de orina y diluyen los minerales que forman las piedras. Un estudio basado en datos del NHANES (2022), publicado en Public Health Nutrition, confirmó la asociación entre una mayor ingesta de agua y un riesgo reducido de formación de cálculos. Mantener una orina de color amarillo pálido es la señal de hidratación adecuada, según Kitchens.

Las lentejas y los frijoles son una alternativa al consumo de proteína animal. “Las legumbres son bajas en purinas comparadas con la carne roja, lo que reduce la producción de ácido úrico y el riesgo de cálculos”, afirma Kitchens. El vínculo entre la proteína animal y el riesgo de cálculos fue documentado en el metaanálisis de Advances in Nutrition (2022) ya citado.

La avena, el arroz integral y otros granos enteros aportan magnesio, un mineral que se une al oxalato en el intestino y reduce la cantidad que llega a los riñones. Un estudio publicado en el Journal of Renal Nutrition (2025) encontró una asociación inversa entre la ingesta de magnesio y la presencia de cálculos renales en adultos mayores de 50 años.

La hidratación constante a lo largo del día, y no solo cuando aparece la sed, resulta clave. La actividad física regular también ayuda: un estudio publicado en Frontiers in Public Health (2025) encontró que incluso el movimiento liviano diario reduce el riesgo de formación de cálculos.

Reemplazar las bebidas azucaradas por café, té o jugo de naranja natural también marca una diferencia, ya que estas últimas están asociadas a un menor riesgo, a diferencia de las gaseosas, según la investigación del World Journal of Urology (2025).

Tomado de infobae