El Mundial siempre deja grandes momentos que demuestran que detrás de cada figura hay una historia de resiliencia y, si no, que lo diga el portero paraguayo Orlando Gill.
Hoy es una de las figuras de la selección guaraní. Sin embargo, hace cuatro años luchaba por salvar la vida de su pequeño hijo.
Muchos lo conocen por su actuación en la vibrante tanda de penales ante Alemania, pero su esposa lo sigue viendo como ese padre abnegado que lo dio todo por su hijo.
El partido más importante de su vida lo disputó cuando nació el niño y su estado de salud se complicó gravemente.
Esa situación generó gastos que el guardameta no podía costear, ya que apenas daba sus primeros pasos en el Sportivo San Lorenzo de Paraguay.
“Orlando vendía sus prendas del club para poder solventar los gastos. Nuestro hijo luchó por su vida y su papá siempre estuvo; vendió su camiseta de la selección Sub-20, vendió sus prendas; literal, vendió todo”, confesó su esposa.
Aquel sacrificio significó desprenderse de los pocos tesoros deportivos que había logrado reunir.
Con el paso del tiempo, su realidad comenzó a cambiar y, en 2024, hizo las maletas para fichar por un club de Argentina.
Ese cambio marcó un antes y un después en su carrera, al punto de convertirse en una de las figuras de Paraguay y lucirse bajo los tres palos durante los dieciseisavos de final de la Copa del Mundo frente a Alemania, en Boston.